Washington, D.C.: soldados en las calles, millones al dia y una ocupación que se normaliza





  • Por Anamaría del Rocío

    Hace un año, la administración de Donald Trump llevó a cientos de efectivos de la Guardia Nacional a las calles de Washington, D.C., bajo la consigna de volver la capital "segura y hermosa". Lo que en su momento fue presentado como una respuesta extraordinaria a la criminalidad se ha convertido en una presencia casi permanente: hoy hay miles de tropas desplegadas, con planes oficiales que extienden la misión hasta 2029.

    La iniciativa se enmarca en la orden ejecutiva "Making the District of Columbia Safe and Beautiful", emitida el 28 de marzo de 2025. El Departamento de Justicia la presenta como una estrategia para reforzar la autoridad federal en la capital, aumentar la presencia policial, hacer cumplir las llamadas leyes de "calidad de vida" y ampliar la vigilancia migratoria.

    Pero la imagen que deja en la ciudad es otra: uniformes militares en estaciones de metro, corredores comerciales, museos y espacios cotidianos donde su función parece ser, sobre todo, simbólica. Según reportes periodísticos, a comienzos de 2026 había unos 2,865 efectivos desplegados en Washington, y el plan del Pentágono buscaba mantener la operación hasta el final del mandato presidencial, en enero de 2029.

    El punto central de la controversia no es solo la magnitud del despliegue, sino su justificación. El propio gobierno sostiene que la ofensiva ha producido una fuerte caída en homicidios, robos y otros delitos, y presenta esas cifras como prueba del éxito del operativo. Sin embargo, críticos y observadores locales cuestionan esa narrativa, porque la reducción de la criminalidad ya venía produciéndose antes del despliegue militar, lo que vuelve mucho más difícil atribuirle a la Guardia Nacional un efecto directo y medible.

    A eso se suma una limitación básica: la Guardia Nacional no está entrenada para la policía civil y, en muchos casos, su capacidad operativa real en tareas de seguridad pública es restringida. No reemplaza una estrategia comunitaria, ni una reforma policial, ni una política social. Lo que sí produce con claridad es una demostración de fuerza en el espacio público.

    También está el costo. Mantener tropas rotando desde distintos estados, con salario, alojamiento, viáticos, logística y seguridad, implica un gasto enorme sostenido con fondos públicos. La permanencia del despliegue hasta 2029 apunta a una factura total multimillonaria.

    El operativo tampoco existe en el vacío. Forma parte de una arquitectura más amplia de control federal en Washington, donde conviven y se superponen agencias policiales y de seguridad de todo tipo. En ese contexto, la frontera entre seguridad, escenificación política y militarización urbana se vuelve cada vez más tenue.

    La pregunta de fondo es sencilla: si el crimen ya estaba bajando, y si la Guardia no fue concebida para tareas de policía civil, entonces, ¿qué se está comprando realmente con todo ese dinero? La respuesta parece menos relacionada con la seguridad pública que con el mensaje político: un mensaje de disciplina, ocupación visual del territorio y autoridad federal permanente sobre una ciudad cuya autonomía siempre ha sido frágil.

    Washington, D.C. se está convirtiendo así en un laboratorio inquietante: una capital donde la presencia militar deja de ser excepcional y empieza a sentirse normal. Y cuando una democracia normaliza soldados en sus calles para resolver problemas civiles, lo que está en juego no es solo el presupuesto ni la estadística delictiva, sino la propia idea de vida pública.

    Fuentes

    • AP News: Washington grapples with a National Guard deployment extended until 2029

    • Department of Justice: D.C. Safe & Beautiful Task Force

    • ABC News: Pentagon plans to keep National Guard in DC into 2029, 2 US officials say

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