Washington endurece las restricciones contra el Estado cubano, facilita combustible al sector privado y, según The New York Times, explora figuras dentro o alrededor del sistema que pudieran encabezar una futura transformación política
La Redacción de Nuestra América Magazine
WASHINGTON / LA HABANA — La política del gobierno de Donald Trump hacia Cuba parece estar entrando en una nueva fase. Ya no se trata únicamente de aumentar sanciones y restringir las fuentes de financiamiento y combustible del gobierno de La Habana. Informaciones publicadas en los últimos días apuntan a una estrategia que combina presión económica, fortalecimiento selectivo del sector privado cubano y exploración de posibles figuras capaces de desempeñar un papel en una eventual transformación política de la isla.
El elemento más novedoso fue revelado por The New York Times. Según el periódico, la administración Trump ha estado buscando entre funcionarios cubanos actuales o anteriores a alguna persona que pudiera ser persuadida para asumir un papel dirigente en La Habana en caso de producirse una modificación sustancial del sistema político.
La información debe interpretarse con cautela: no existe hasta ahora un anuncio oficial de Washington identificando a un candidato, y el reporte del Times se basa en fuentes conocedoras de las deliberaciones estadounidenses. Por ello, no puede afirmarse que exista ya una sucesión pactada o una operación definida para sustituir al actual gobierno.
El concepto que aparece detrás de esas conversaciones resulta, sin embargo, particularmente significativo: una estrategia de “alteración del régimen” más que un simple “cambio de régimen”, es decir, intentar producir una transformación desde dentro aprovechando eventualmente figuras que ya conozcan las estructuras del Estado cubano. El reporte del Times sobre esa búsqueda también fue recogido por otros medios internacionales en los últimos días.
Rubio aumenta la presión sobre La Habana
La información coincide con una investigación publicada el 7 de agosto por Axios sobre la estrategia del secretario de Estado, Marco Rubio.
Según Axios, Rubio encabeza una campaña de presión económica contra Cuba que incluye más de dos docenas de medidas, mientras funcionarios estadounidenses anticipan que pueden producirse nuevas acciones contra el gobierno cubano. El objetivo es aumentar los costos económicos para La Habana y reducir las vías mediante las cuales obtiene recursos internacionales.
La estrategia ocurre en medio de una de las crisis económicas y energéticas más profundas que ha sufrido Cuba en décadas.
La reducción del suministro de petróleo extranjero, las restricciones estadounidenses, la disminución de la producción nacional y los problemas estructurales de la economía y del sistema eléctrico han contribuido a prolongados apagones y severas dificultades para garantizar combustible.
Combustible estadounidense, pero para el sector privado
Existe, sin embargo, una aparente contradicción dentro de la política estadounidense.
Mientras Washington intenta limitar el suministro de petróleo destinado al Estado cubano, empresas estadounidenses están autorizadas a enviar combustible al sector privado de la isla.
Reuters documentó en marzo que proveedores estadounidenses habían enviado aproximadamente 30,000 barriles de combustible al sector privado cubano durante los primeros meses de 2026. La política buscaba explícitamente proporcionar mayores posibilidades a las empresas privadas frente a las compañías controladas por el Estado.
La autorización estadounidense permite determinadas operaciones destinadas a apoyar al pueblo cubano y al sector privado, mientras mantiene las restricciones sobre estructuras vinculadas al gobierno.
El resultado es una política de dos vías: presionar económicamente al Estado y, simultáneamente, permitir determinados recursos para empresarios privados cubanos.
Las exportaciones han aumentado considerablemente. Datos oficiales citados por NBC Miami indicaron que solamente en marzo los envíos de combustible autorizados alcanzaron un valor de aproximadamente 8.7 millones de dólares.
Nuestra América no ha podido confirmar independientemente, sin embargo, la cifra de 96 millones de dólares durante el primer semestre de 2026 mencionada en algunos reportes. Por esa razón, no la presentamos como un dato confirmado.
Una economía cubana obligada a cambiar
La presión externa coincide con transformaciones económicas dentro de Cuba.
El gobierno cubano ha tenido que ampliar determinados espacios para las empresas privadas y buscar nuevas fórmulas para importar combustible y mantener funcionando sectores esenciales de la economía.
El problema energético ha llegado directamente a las estaciones de servicio. En mayo, Cuba anunció un sistema de precios variables para determinados combustibles con el propósito de reflejar mejor los crecientes costos de importación, en momentos en que la escasez había reducido drásticamente la disponibilidad de gasolina y diésel en las estaciones estatales.
Washington parece considerar que estas dificultades pueden acelerar cambios económicos y eventualmente políticos.
Pero existe una diferencia fundamental entre debilitar económicamente a un gobierno y conseguir una transición política estable.
¿Una transformación al estilo venezolano?
El interés estadounidense en encontrar una figura procedente del propio sistema cubano adquiere mayor importancia cuando se observa lo ocurrido recientemente en Venezuela.
La experiencia venezolana parece haber reforzado dentro de Washington la idea de que una transformación política no necesariamente tiene que comenzar con la desaparición inmediata de todas las estructuras existentes, sino que podría negociarse con sectores internos capaces de conducir gradualmente un proceso diferente.
Esa posibilidad explicaría el interés atribuido por The New York Times a funcionarios estadounidenses en identificar posibles interlocutores dentro o alrededor de las actuales estructuras cubanas.
Sin embargo, Cuba y Venezuela presentan realidades políticas, militares, históricas e institucionales muy distintas, por lo que no existe garantía alguna de que un modelo aplicado en un país pueda reproducirse en el otro.
La posición cubana
Desde La Habana, el gobierno de Miguel Díaz-Canel ha responsabilizado repetidamente a las sanciones y a la política estadounidense de una parte sustancial de las dificultades económicas y energéticas que enfrenta la población.
Las autoridades cubanas califican las medidas de Washington como una política destinada a provocar asfixia económica y descontento social para forzar cambios políticos.
Estados Unidos, por su parte, atribuye también la crisis a décadas de mala administración económica del sistema cubano y sostiene que sus medidas buscan presionar al gobierno, no perjudicar directamente a la población. Incluso Axios, al describir la ofensiva económica de Rubio, señala tanto las sanciones estadounidenses como los problemas internos de administración económica de Cuba entre los factores que explican la situación actual.
Cuba entra en una etapa decisiva
Lo que comienza a perfilarse es una estrategia estadounidense más compleja que el embargo tradicional.
Washington está intentando simultáneamente reducir los recursos disponibles para el Estado cubano, favorecer determinadas actividades privadas, aumentar la presión diplomática y explorar posibles interlocutores capaces de participar en una futura transformación política.
Todavía resulta imposible saber si esa estrategia desembocará en negociaciones, reformas internas, una transición política o simplemente en una profundización de la crisis.
Lo que sí parece evidente es que Cuba ha vuelto a ocupar un lugar prioritario en la política latinoamericana de Washington, y Marco Rubio se ha convertido en una de las figuras centrales de esa estrategia.
La verdadera incógnita no es solamente cuánto tiempo puede resistir el gobierno cubano bajo esta presión.
La pregunta fundamental es qué clase de Cuba intenta construir Washington después de ella y, sobre todo, qué papel tendrán los propios cubanos en decidir el futuro de su país.
Fuentes informativas: The New York Times; Axios; Reuters; Miami Herald; datos estadounidenses sobre exportaciones y reportes públicos relacionados con la crisis energética y las políticas de Estados Unidos hacia Cuba.
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