jueves, 25 de junio de 2026

Aumentan los agentes de la Patrulla Fronteriza


 

Hundreds Confirmed Dead as Twin Quakes Rip Through Venezuela

 

Buildings flattened, families buried, and a nation thrown into anguish


By Lorenzo del Valle, Nuestra America Magazine

The earth did not stop with one blow.

Venezuela was plunged into horror after two massive earthquakes tore through the country, reducing homes to dust, flattening buildings, and leaving entire communities screaming for loved ones beneath mountains of concrete and steel. Hundreds are confirmed dead, and with rescuers still clawing through shattered neighborhoods, that number is feared to rise.

The first quake struck with terrifying force, sending walls cracking and streets buckling as frightened residents ran for open ground. But before the shock could settle, before families could even count the missing, a second violent tremor ripped through the same wounded landscape. What had been damaged collapsed. What had been standing fell. Panic turned into catastrophe.

Across the disaster zone, scenes of devastation unfolded with unbearable cruelty. Apartment blocks crumpled into themselves. Schools and hospitals were left mangled. Dust choked the air as survivors, bleeding and dazed, stumbled through ruins calling out names that in too many cases were met with silence.

Rescue crews, joined by soldiers, medics, and desperate neighbors, worked frantically through the wreckage, digging with bare hands when machinery could not reach the trapped. Every sound from beneath the rubble carried the possibility of life. Every passing hour carried the threat of death. Under floodlights and through aftershocks, the search pushed on.

For many families, hope and grief now exist side by side. Parents wait for word on children. Children wait for parents who may never answer. In makeshift shelters, the newly homeless sit with shock written across their faces, clutching whatever they managed to save as the scale of the disaster becomes harder to bear.

The destruction has also crippled the country's ability to respond. Roads have been split open. Power has failed in multiple areas. Communications have faltered just as people most needed to reach one another. Ambulances and emergency teams have struggled to reach some of the worst-hit communities, raising fears that survivors trapped in the rubble may be running out of time.

Officials say search-and-rescue operations remain the immediate priority, even as aftershocks continue to threaten both victims and responders. Engineers are assessing unstable structures, while aid workers race to provide water, food, medical care, and shelter to families who have lost everything in a matter of moments.

What remains after the shaking is more than physical ruin. It is trauma, dislocation, and the raw heartbreak of a nation watching its people pulled from the debris one by one.

For Venezuela, this is no longer only a natural disaster. It is a human tragedy unfolding in real time - brutal, intimate, and far from over.

viernes, 12 de junio de 2026

Rueda el balón, ciudad sitiada


Por Joel Ortega Juárez

Similar a la llamada Green Zone en Bagdad que es retomada y fortificada por el ejército de Estados Unidos durante su ocupación. Es una zona similar al centro histórico de la Ciudad de México que sirvió de comando central a los invasores, me escribe desde Los Ángeles mi tocayo Joel Ochoa, uno de los líderes del Movimiento del 10 de junio de 1971, el patito feo de los movimientos estudiantiles, al que le robó candilejas el 68.

Una ciudad sitiada por el pavor de Claudia Sheinbaum a la gente, no es solo la CNTE, son los rostros y el coraje de las madres de desaparecidos encarando a los granaderos, son pensionados de Pemex y de la CFE, transportistas, campesinos, trabajadores del sector salud, estudiantes politécnicos, es el otro México, el que no corea México en el estadio Azteca, a ese mundo logró contenerlos un gran operativo militar y policiaco, con 56 mil policías, 4,851 de la Guardia Nacional, al menos 600 del Ejército y algo absurdo 165 de la Fuerza Aérea.

Todo un operativo que puso a la Ciudad bajo un verdadero estado de sitio.

Entiendo perfectamente al ánimo de los de la CNTE, a su interior debatían tres tendencias: la moderada que fue derrotada representada por la Sección IX; la intermedia que proponía ir hacia el aeropuerto y la más radical la que predominó que proponía ir al Estadio Azteca, algo similar vivimos al interior del Comité Coordinador de Comités de Lucha, el COCO, donde les ganamos a los moderados que proponían no salir y hacer una marcha dentro de Ciudad Universitaria. Era una decisión muy difícil, me tocó salir a dar a conocer el acuerdo de la Asamblea del COCO, trepado en los techos de Ciencias Biológicas: hemos resuelto salir a la calle, no se la podemos ceder al gobierno de Echeverría.

Sheinbaum mintió al decir que no caería en la provocación de la “ultraderecha” de la CNTE, cuando se negó a dialogar y optó por establecer un despliegue jamás visto, el Zócalo fue cercado con vallas metálicas de concreto y miles de granaderos, para mantenerlo como una plaza propiedad de su gobierno, a la que solo pueden llegar sus mítines de acarreados, al mero estilo del priismo corporativo, los charros de siempre de petroleros, el SNTE, el de ferrocarrileros cuyo gremio no existe, el minero propiedad de la dinastía de los Napoleones Garza, el CATEM, sindicato charro de AMLO, cuyo dirigente es su compadre Pedro Haces Barba e incluso el de telefonistas del veterano Francisco Hernández Juárez con 54 años en la dirección, casi rebasa a Fidel Velásquez y tristemente el STUNAM al que mandan fuera de la plancha.

Ese cerco policiaco se puso también en las cercanías del Estadio Azteca.

Ese nuevo estilo de reprimir se realizó también con los “cordones de la Paz” formados con aparentes empleados del gobierno de la ciudad, con un tufo parecido a los Halcones.

No se puede negar la fuerza que tiene la “pasión” futbolera, en las tribunas repletas del Estadio Azteca, las de miles en los 18 sitios donde se colocaron pantallas gigantes y el ambiente de fiesta en toda la ciudad e incluso en otras ciudades, coreando el Cielito Lindo y dando rienda suelta a un chovinismo anacrónico.

Hace tiempo que considero que las marchas y sobre todo el exceso de cerrar vialidades con algunas decenas, es un recurso de lucha que se revierte contra los propios manifestantes y sus causas.

La presidenta soberanista usó toda la fuerza del Estado y la puso a las órdenes de la FIFA.

sábado, 30 de mayo de 2026

Los de abajo resisten la represión de Sheinbaum

Por Joel Ortega Juárez

Macanazos, golpes, disparos de gases lacrimógenos y otros líquidos, disparos de balas también en las calles de la Ciudad de México y las carreteras de Oaxaca contra la CNTE. Otra vez regresa la ominosa política represiva del Estado mexicano que se desarrolló con toda su prepotencia en los años sesenta y setenta. Lo que pensábamos se había resuelto, la libertad de manifestación, está nuevamente en riesgo. No se puede llegar al Zócalo porque la Presidenta se auto-otorgó esa plaza para hacer sus concentraciones de acarreados por los sindicatos tradicionales con los mismos líderes charros del pasado. Queda pendiente construir un gran acuerdo, un gran compromiso histórico de quienes resisten esta embrionaria dictadura. Hay que unir a los liberales, a los intelectuales que resisten, a los que tienen expresiones en los medios, a los campesinos perseguidos como los del EZLN y otras comunidades semejantes, a los maestros, a los estudiantes, a las mujeres, a las buscadoras, a los migrantes, a los defensores del medioambiente, a los que resisten en el medio artístico e intelectual, también a los científicos, incluso a empresarios grandes y pequeños, a los que organizan reuniones, presentaciones, debates y cuestionan esta reconstrucción del viejo poder del Estado de la Revolución Mexicana.

Lo que está ocurriendo no es una casualidad, es el resultado de la dominación que algunos fechan en 1915 cuando Carranza derrotó a las fuerzas populares de Zapata y Villa y se estableció desde entonces una hegemonía —dicen unos—, una dominación ideológica —dicen otros—, un adormecimiento también, una narcotización de la gente e incluso en una expresión coloquial: una atolización, es decir “atole con el dedo” que mantiene el control de millones y ha sido la sustentación de este poder por casi un siglo —con una breve excepción de 1997 a 2018– que vuelve otra vez la restauración del viejo régimen, vuelve la dictadura perfecta. Esa es la tarea de hoy, no quedar atrapados en el chisme, la especulación, la intriga de lo que ocurre en Palacio Nacional. Hay que salir de esas murallas y buscar abajo, con la gente, en medio y en algunos sectores de arriba una gran alianza para defender la democracia y la república. Es una tarea de ahora, no hay que evadirla, no hay que aplazarla, o se está con la democracia y la república o nos aplasta la reconstrucción del viejo modelo priista de dominación.



La dominación que prefigura un modo dictatorial se expresa ahora con la actitud de doble rasero; por un lado, sentencia o persigue a la gobernadora de Chihuahua y la cita para procesarla, incluso reviven una demanda del exgobernador de Chihuahua, Corral, por supuesto secuestro y al gobernador de Sinaloa lo sigue protegiendo. Todo esto se hace posible porque se adueñaron del poder judicial y los jueces obedecen sus órdenes, no hay manera de defenderse.

Por eso es tan sustancial, tan vital, no solamente para un sector de la vida del país sino para todos, incluso los que con mucha razón rechazan la vida política y a la partidocracia, incluso ellos sufren las consecuencias de esta consolidación de una especie de dictadura perfecta que vuelve a regresar. Siempre habrá manera de luchar, de buscar el hilo conductor que una las distintas corrientes, fuerzas, pequeños grupos, movimientos con personas en lo individual y que pueda derribar esta muralla, la muralla de la intolerancia, de la arrogancia que se manifiesta en todos términos en la actitud de la presidenta Claudia Sheinbaum.

viernes, 29 de mayo de 2026

Los Planes Militares de Estados Unidos para Cuba Generan Interrogantes Sobre el Futuro de la Isla

 


Por Nuestra América Magazine News Desk

Informes recientes han intensificado las preocupaciones sobre la posibilidad de que Estados Unidos desempeñe un papel militar directo en Cuba en medio de la profunda crisis económica y política que enfrenta la isla.

De acuerdo con reportes que circulan en Washington, la administración del presidente Donald Trump ha pasado meses preparando planes de contingencia para diversos escenarios relacionados con Cuba, incluyendo un posible colapso del gobierno cubano. Según estas versiones, recursos militares han sido reposicionados en distintos puntos del Caribe y se han realizado ejercicios de planificación destinados a permitir una respuesta rápida en caso de que la situación en la isla se deteriore aún más.

Estos informes surgen en momentos en que Cuba atraviesa una de las crisis más severas de su historia reciente. Los constantes apagones eléctricos, la escasez de combustible, la falta de alimentos y el estancamiento económico han incrementado el descontento entre amplios sectores de la población. Algunos funcionarios estadounidenses consideran que el gobierno cubano podría enfrentar niveles de inestabilidad sin precedentes durante los próximos meses.

¿Preparativos Militares o Planificación de Contingencia?

Aunque algunos observadores han descrito las acciones como una acumulación militar en la región, funcionarios estadounidenses han insistido en que actualmente no existe un plan de invasión. Según estas versiones, las medidas adoptadas tienen como objetivo ofrecer opciones a la Casa Blanca en caso de una emergencia humanitaria, una crisis migratoria masiva o un colapso político repentino en la isla.

Sin embargo, las informaciones han alimentado la especulación tanto en América Latina como entre las comunidades cubanas dentro y fuera de Cuba.

La posibilidad de una intervención militar sigue siendo altamente controvertida, generando preocupaciones relacionadas con la soberanía nacional, la estabilidad regional y las consecuencias que podría tener una participación extranjera en los asuntos internos de Cuba.

Se Intensifican las Tensiones Políticas

La administración Trump ha adoptado una postura cada vez más agresiva hacia La Habana. Las sanciones económicas se han ampliado, la presión diplomática ha aumentado y varios altos funcionarios han sostenido que el gobierno comunista cubano podría encontrarse cerca de un punto crítico.

En el centro de esta estrategia se encuentra el secretario de Estado Marco Rubio, cuya histórica oposición al gobierno cubano lo ha convertido en una de las voces más influyentes de la administración en materia de política latinoamericana. Los partidarios de la estrategia consideran que la situación actual representa una oportunidad para acelerar cambios políticos en la isla.

No obstante, los críticos advierten que una mayor presión podría empeorar las condiciones de vida de la población cubana y contribuir a una mayor inestabilidad.

Diversos legisladores y analistas también han expresado preocupación por la posibilidad de que una acción militar provoque una catástrofe humanitaria y una crisis migratoria de grandes proporciones en toda la región del Caribe.

La Habana Advierte Contra una Intervención

Las autoridades cubanas han condenado enérgicamente lo que consideran una creciente hostilidad por parte de Washington. Los dirigentes de la isla sostienen que Estados Unidos está intensificando deliberadamente la presión económica y política con el propósito de fomentar el descontento interno y debilitar al gobierno.

El gobierno cubano ha advertido repetidamente que cualquier confrontación militar tendría consecuencias devastadoras tanto para Cuba como para Estados Unidos, además de afectar seriamente la estabilidad del Caribe.

Las autoridades aseguran que el país está preparado para defender su soberanía, al tiempo que continúan promoviendo canales diplomáticos que permitan evitar una confrontación directa.

Un Momento Decisivo para Cuba

Todavía no está claro si el actual posicionamiento militar estadounidense funcionará únicamente como una medida disuasiva, como una preparación preventiva o como el preludio de una participación más directa en los acontecimientos de la isla.

Lo que sí parece evidente es que Cuba atraviesa un momento decisivo de su historia. La nación enfrenta enormes desafíos económicos, crecientes presiones sociales y una atención internacional cada vez mayor. Al mismo tiempo, Estados Unidos parece prepararse para distintos escenarios, desde una transición política hasta una emergencia humanitaria.

Para muchos observadores en América Latina, la posibilidad de una nueva intervención estadounidense en Cuba revive recuerdos de una larga y compleja historia de intervenciones en la región.

Ya sea que los próximos meses traigan confrontación, negociación, reformas o transformaciones políticas profundas, lo que ocurra en Cuba tendrá repercusiones significativas para el Caribe y para todo el continente americano.

U.S. Military Planning for Cuba Raises Questions About the Island’s Future

 


By the Nuestra América Magazine News Desk

Recent reports have intensified concerns about the possibility of a direct U.S. military role in Cuba amid the island’s deepening economic and political crisis.

According to accounts circulating in Washington, the Trump administration has spent months preparing contingency plans for a range of scenarios involving Cuba, including the potential collapse of the Cuban government. Military assets have reportedly been repositioned throughout the Caribbean, and planning exercises have been conducted to prepare for a rapid response should conditions on the island deteriorate further.

The reports emerge at a time when Cuba is facing one of the most severe crises in its modern history. Persistent power outages, fuel shortages, food scarcity, and economic stagnation have fueled growing frustration among many Cubans. Some U.S. officials reportedly believe the Cuban government could face unprecedented instability in the coming months.

Military Preparations or Contingency Planning?

While some observers have described the activity as a military buildup, U.S. officials have emphasized that no invasion is currently planned. Instead, the preparations are reportedly intended to provide the White House with options in the event of a humanitarian emergency, a mass migration crisis, or a sudden political collapse.

Nevertheless, the reports have fueled speculation throughout Latin America and among Cuban communities both on and off the island.

The possibility of military intervention remains highly controversial, raising concerns about sovereignty, regional stability, and the potential consequences of foreign involvement in Cuba’s internal affairs.

Political Tensions Escalate

The administration of President Donald Trump has adopted an increasingly aggressive posture toward Havana. Economic sanctions have expanded, diplomatic pressure has intensified, and several senior administration officials have argued that Cuba’s communist government is approaching a breaking point.

At the center of the strategy is Secretary of State Marco Rubio, whose long-standing opposition to the Cuban government has made him one of the administration’s most influential voices on Latin American policy. Supporters of the administration view the current situation as an opportunity to accelerate political change on the island.

However, critics warn that increased pressure could worsen living conditions for ordinary Cubans and potentially trigger greater instability.

Members of Congress and foreign policy analysts have also expressed concern that military action could lead to a humanitarian catastrophe and create a large-scale migration crisis throughout the Caribbean region.

Havana Warns Against Intervention

Cuban officials have strongly condemned what they describe as increasing hostility from Washington. Leaders in Havana argue that the United States is deliberately intensifying economic and political pressure in hopes of provoking internal unrest and weakening the government.

The Cuban government has repeatedly warned that any military confrontation would have devastating consequences for both countries and for the broader Caribbean region.

Authorities insist that Cuba is prepared to defend its sovereignty while continuing diplomatic efforts to avoid a direct confrontation.

A Defining Moment for Cuba

Whether the current military positioning ultimately serves as a deterrent, a contingency measure, or a precursor to more direct involvement remains unclear.

What is evident is that Cuba stands at a pivotal moment in its history. The island faces profound economic challenges, growing social pressures, and mounting international attention. At the same time, the United States appears to be preparing for a range of possible outcomes, from political transition to humanitarian emergency.

For many observers throughout Latin America, the prospect of renewed U.S. military involvement in Cuba evokes memories of a long and complicated history of intervention in the region.

Whether the coming months bring confrontation, negotiation, reform, or political transformation, developments in Cuba are likely to have far-reaching consequences for the Caribbean and the Western Hemisphere as a whole.

jueves, 28 de mayo de 2026

ICE bajo fuego por restringir la supervisión en centro de detención de Nueva Jersey

 


Por Armando García Álvarez

El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE) enfrenta nuevamente críticas por lo que defensores de los derechos civiles, legisladores y organizaciones comunitarias describen como una estrategia deliberada de secretismo destinada a proteger a la agencia de la rendición de cuentas. La controversia más reciente estalló esta semana en Delaney Hall, un centro de detención migratoria ubicado en Newark, Nueva Jersey, donde autoridades federales bloquearon el acceso de funcionarios electos mientras continuaba una huelga de hambre protagonizada por personas detenidas que protestaban por las condiciones dentro del lugar.

La confrontación se intensificó cuando agentes de ICE rechazaron la entrada a funcionarios estatales de Nueva Jersey, incluidos representantes del gobernador Phil Murphy y miembros del Congreso que buscaban realizar labores de supervisión. Afuera del centro, las tensiones aumentaron cuando oficiales federales utilizaron gas pimienta contra cientos de manifestantes que exigían transparencia y un trato humano para las personas detenidas.

Para los defensores de los derechos de los inmigrantes, lo ocurrido en Delaney Hall no es un incidente aislado, sino parte de un patrón más amplio que se ha acelerado bajo la administración Trump. Desde su regreso al poder, la administración ha ampliado agresivamente las operaciones de control migratorio mientras intenta limitar el escrutinio público y congresional sobre los centros de detención en todo el país.

Los críticos sostienen que las nuevas políticas buscan debilitar uno de los pocos mecanismos de control que aún existen sobre el creciente poder de ICE: la supervisión del Congreso.

El pasado 11 de mayo, ICE emitió un nuevo memorando interno estableciendo restricciones adicionales para las visitas de miembros del Congreso y sus equipos a instalaciones de detención migratoria. Según el documento, los legisladores que deseen reunirse con personas detenidas deberán proporcionar previamente los nombres específicos de los inmigrantes, presentar pruebas válidas de consentimiento firmadas por ellos y notificar con al menos dos días de anticipación cualquier visita.

Organizaciones defensoras de inmigrantes afirman que esos requisitos crean obstáculos casi imposibles para la supervisión. Muchas personas detenidas no tienen acceso regular a abogados, familiares o medios de comunicación necesarios para coordinar reuniones con oficinas congresionales. En algunos casos, los legisladores ni siquiera saben quiénes han sido detenidos o trasladados hasta que surgen denuncias de abusos.

Expertos legales recuerdan que la ley federal tradicionalmente ha otorgado a los miembros del Congreso amplia autoridad para inspeccionar centros de detención sin previo aviso. Organizaciones civiles acusan a ICE de intentar reinterpretar esas normas de manera administrativa para evitar que salgan a la luz denuncias sobre hacinamiento, negligencia médica y abusos dentro de las instalaciones.

“Esto no tiene que ver con seguridad”, declaró un abogado defensor de inmigrantes en Newark. “Se trata de controlar la información y ocultar lo que ocurre detrás de las puertas cerradas”.

La huelga de hambre en Delaney Hall, según reportes, involucra a personas detenidas que protestan por condiciones que incluyen atención médica insuficiente, detenciones prolongadas y falta de comunicación con sus familias. Activistas aseguran que los inmigrantes han denunciado problemas de saneamiento, acceso limitado a representación legal y un fuerte desgaste psicológico provocado por la incertidumbre sobre sus casos migratorios.

Organizaciones de libertades civiles también han expresado preocupación por la creciente militarización en la respuesta de ICE frente a las protestas alrededor de centros de detención. Videos difundidos en redes sociales mostraron esta semana a oficiales con equipo antimotines enfrentándose a manifestantes frente a Delaney Hall, alimentando las acusaciones de que el sistema de control migratorio se está volviendo más agresivo y menos transparente.

La controversia surge en medio de un debate nacional más amplio sobre la expansión de las operaciones de detención migratoria. La administración Trump ha impulsado más arrestos, deportaciones aceleradas y un aumento en la capacidad de detención en todo el país. Al mismo tiempo, organizaciones comunitarias denuncian que los mecanismos de supervisión están siendo debilitados sistemáticamente.

Para muchos críticos, lo ocurrido en Delaney Hall representa más que un conflicto local en Nueva Jersey. Lo consideran una señal de advertencia sobre la creciente opacidad del sistema de detención migratoria en Estados Unidos.

Mientras continúan las protestas y las disputas legales, organizaciones defensoras de inmigrantes exigen acceso irrestricto del Congreso a los centros de detención, inspecciones independientes y mayor transparencia pública sobre el trato que reciben los migrantes bajo custodia federal.

El conflicto pone sobre la mesa una pregunta fundamental para el sistema migratorio estadounidense: ¿quién vigila a la agencia encargada de detener a cientos de miles de migrantes cada año cuando esa misma agencia intenta evitar ser vigilada?