Por Nuestra América Magazine News Desk
Un nuevo informe del Center for Economic and Policy Research (CEPR) está reavivando el debate sobre el costo humano de la política estadounidense hacia Cuba. El estudio concluye que la expansión de las sanciones de Estados Unidos a partir de 2017—durante la administración de Donald Trump—fue probablemente el principal factor detrás de un aumento dramático de la mortalidad infantil en la isla, que se disparó en un 148 por ciento entre 2018 y 2025.
Los hallazgos cuestionan las narrativas tradicionales que atribuyen las dificultades económicas y de salud pública en Cuba únicamente a problemas internos. En cambio, el informe señala como responsable en gran medida a la estrategia de “máxima presión” de Washington, que endureció las restricciones financieras, limitó el acceso al combustible y restringió las transacciones internacionales con el Estado cubano.
Según Alexander Main, director de política internacional del CEPR y coautor del informe, las consecuencias son graves y continúan. “La política de ‘máxima presión’ de Trump hacia Cuba ha causado la muerte de muchos bebés”, afirmó, advirtiendo que la situación podría estar empeorando debido a lo que describió como un actual bloqueo de combustible por parte de Estados Unidos. Aunque aún no se dispone de datos completos de los meses más recientes, Main sugirió que la mortalidad infantil podría estar aumentando a un ritmo incluso mayor que el del año pasado.
El informe llega en un momento de movimientos diplomáticos discretos pero potencialmente significativos. Según The New York Times, funcionarios de Estados Unidos y Cuba han estado involucrados en negociaciones no reveladas públicamente, lo que podría indicar una posible recalibración de las relaciones tras años de tensiones.
Sin embargo, mientras avanzan las conversaciones, resurgen viejas disputas históricas—especialmente entre comunidades del exilio cubano en Estados Unidos. Entre ellas destaca la exigencia de compensación por propiedades confiscadas tras la Cuban Revolution. Estas reclamaciones, que persisten desde hace décadas, siguen siendo un tema políticamente sensible y un posible obstáculo para cualquier intento de normalización más amplio.
Para Cuba, lo que está en juego es tanto inmediato como de largo plazo. La isla continúa enfrentando escasez de medicamentos, combustible y bienes básicos—condiciones que, según expertos en salud pública, afectan directamente la atención materna e infantil. Los hospitales, operando con recursos limitados, enfrentan desafíos crecientes, desde apagones hasta falta de suministros esenciales, lo que incrementa los riesgos para las poblaciones más vulnerables.



