Las conversaciones buscan reformas electorales y judiciales y la recuperación de derechos políticos, pero el historial de diálogos fallidos mantiene abiertas las dudas sobre una verdadera transición
La Redacción de Nuestra América Magazine
CARACAS — Venezuela atraviesa nuevamente uno de esos momentos en los que una mesa de negociación podría convertirse en el comienzo de una transformación política o terminar incorporándose a la larga lista de intentos de diálogo que no consiguieron resolver la crisis institucional del país.
Representantes del gobierno encabezado por Delcy Rodríguez y una delegación de la oposición mantienen conversaciones presenciales en Caracas desde el jueves 6 de agosto, en un proceso que cuenta con un importante respaldo de Estados Unidos.
El primer encuentro se realizó en el Centro de Convenciones de La Carlota, ubicado dentro de una instalación militar. Posteriormente, las conversaciones continuaron en el Hotel Meliá de Caracas. Está previsto que las sesiones de esta ronda se prolonguen hasta el miércoles 12 de agosto.
La delegación opositora está encabezada por Dinorah Figuera, presidenta de la Asamblea Nacional elegida en 2015. Por el oficialismo participa, entre otras figuras, Jorge Rodríguez.
No todos los sectores opositores forman parte directamente de la negociación. María Corina Machado permanece fuera de la mesa, circunstancia que ha generado cuestionamientos sobre la representatividad del proceso.
Una agenda con fechas concretas
Uno de los elementos que distingue estas conversaciones es la intención de establecer un calendario para reconstruir instituciones consideradas fundamentales para unas futuras elecciones.
Según El País, entre las aspiraciones de la delegación opositora figura conseguir para octubre avances en la restitución de partidos políticos que quedaron intervenidos judicialmente y en la recuperación de derechos políticos.
Posteriormente se buscaría avanzar en la conformación de un nuevo Tribunal Supremo de Justicia en noviembre y en la renovación del Consejo Nacional Electoral en diciembre.
Las reformas del sistema electoral y judicial forman parte desde hace meses de las principales demandas opositoras. Sectores de la oposición consideran que sin un CNE independiente, partidos plenamente habilitados y garantías de participación política difícilmente podrían celebrarse elecciones competitivas.
Washington, actor fundamental
Estados Unidos ocupa una posición extraordinariamente importante en esta nueva negociación.
La administración del presidente Donald Trump ha impulsado el proceso y Washington mantiene una influencia directa sobre las conversaciones. El objetivo declarado es avanzar hacia una estabilización institucional que eventualmente permita la realización de elecciones y una normalización política del país.
Pero la presencia estadounidense no garantiza por sí misma que Venezuela vaya a experimentar una transición democrática.
Esa cautela tiene fundamento histórico. Durante las últimas dos décadas se han realizado numerosos procesos de negociación entre el chavismo y diferentes sectores opositores, algunos también acompañados internacionalmente, sin conseguir una solución definitiva a la crisis política.
También existe otra interrogante: qué busca prioritariamente Washington en Venezuela.
Además de las reformas políticas, Estados Unidos tiene intereses relacionados con la estabilidad económica venezolana, la recuperación de su industria petrolera y las condiciones necesarias para atraer nuevamente inversiones internacionales.
Por ello, el resultado de las conversaciones deberá evaluarse por los acuerdos concretos que produzcan y no simplemente por la presencia estadounidense alrededor de la mesa.
María Lourdes Afiuni recibe libertad plena
En medio de las negociaciones ocurrió además un acontecimiento de fuerte significado político.
La jueza venezolana María Lourdes Afiuni recibió libertad plena después de más de 16 años de proceso judicial.
Afiuni fue detenida en diciembre de 2009 después de ordenar la libertad condicional del empresario Eligio Cedeño, quien llevaba años encarcelado sin sentencia.
Su detención se convirtió internacionalmente en uno de los casos emblemáticos sobre la pérdida de independencia judicial durante el gobierno de Hugo Chávez.
Afiuni denunció haber sufrido graves abusos durante su encarcelamiento. Organizaciones defensoras de derechos humanos siguieron durante años su caso y cuestionaron el proceso judicial abierto en su contra. Su libertad plena, anunciada en momentos en que gobierno y oposición vuelven a negociar, adquiere inevitablemente una dimensión política.
Sin embargo, organizaciones civiles sostienen que todavía permanecen centenares de presos políticos en Venezuela y reclaman que cualquier proceso de apertura incluya garantías de derechos humanos y nuevas liberaciones.
¿Negociación o transición?
La pregunta fundamental permanece abierta.
Una mesa de diálogo puede producir acuerdos, pero una transición democrática requiere instituciones capaces de cumplirlos.
La restauración de los partidos políticos, la recuperación de derechos políticos, la independencia judicial, un Consejo Nacional Electoral confiable y eventualmente unas elecciones con garantías constituirán las verdaderas pruebas del proceso.
Venezuela ha llegado anteriormente a mesas de negociación cargadas de expectativas que posteriormente terminaron frustradas.
Esta vez existe una diferencia importante: Estados Unidos no aparece simplemente como observador, sino como uno de los principales impulsores y garantes políticos del proceso.
Todavía es demasiado pronto para saber si esa circunstancia permitirá alcanzar resultados diferentes.
Las conversaciones que continúan esta semana pueden comenzar a ofrecer la respuesta.
Fuentes informativas: El País; información pública sobre las negociaciones entre el gobierno venezolano y la oposición; reportes sobre el proceso de reinstitucionalización de Venezuela y el caso de María Lourdes Afiuni.
Para esta nota haría una gráfica vertical bastante sobria, porque el tema es político: Venezuela al centro, una mesa de negociación, las dos partes frente a frente y la presencia de Estados Unidos en segundo plano. Evitaría una gráfica que sugiera que la transición ya está asegurada, porque precisamente esa es todavía la gran incógnita.
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