Por Larry Alvarez
Nuestra América Magazine / Nuestra América Online Radio
La democracia liberal, presentada durante décadas como uno de los pilares fundamentales del sistema político occidental, enfrenta una transformación que podría modificar profundamente no solo a Estados Unidos, sino también sus relaciones con América Latina.
Esa es una de las ideas centrales planteadas por el politólogo español Juan Carlos Monedero durante una extensa entrevista en el programa Largo Aliento, en la que analizó el regreso de Donald Trump al centro del poder estadounidense, el neoliberalismo, la concentración de la riqueza, el papel de las grandes empresas tecnológicas y el futuro político latinoamericano.
Desde el inicio de la conversación se plantea una interrogante de enorme dimensión: ¿estamos ante una crisis temporal de la democracia o ante el nacimiento de una época caracterizada por una mayor concentración del poder?
Trump y la concentración del poder
Uno de los argumentos centrales de la entrevista es que el fenómeno Trump no debe analizarse únicamente a partir de su personalidad.
Monedero lo coloca dentro de una transformación económica y política mucho más amplia. Según su interpretación, las crisis del capitalismo pueden generar respuestas autoritarias cuando las estructuras tradicionales dejan de garantizar los intereses económicos dominantes.
En la conversación se cuestiona particularmente la concentración de facultades en el Ejecutivo estadounidense y el debilitamiento de los contrapesos institucionales y electorales.
Pero el análisis va todavía más lejos.
Monedero relaciona poder político, poder económico y control de la información. La propiedad de grandes plataformas digitales por multimillonarios, sostiene, introduce un nuevo elemento en las democracias contemporáneas: quien controla una parte importante de la conversación pública posee también una extraordinaria capacidad para influir sobre aquello que millones de ciudadanos ven, leen y discuten.
La democracia, por tanto, ya no puede analizarse solamente preguntando quién deposita un voto en una urna. También debe preguntarse quién controla la información que recibe el ciudadano antes de votar.
América Latina vuelve al centro de la disputa
Uno de los momentos más importantes de la entrevista ocurre cuando la conversación se traslada hacia América Latina.
Monedero considera que Trump contempla a la región desde una lógica de subordinación política y económica. En su interpretación, Washington utiliza argumentos diferentes dependiendo del país —México, Cuba o Venezuela— pero detrás de ellos existiría una misma pretensión de conservar la capacidad estadounidense de determinar el rumbo del hemisferio.
Es importante distinguir aquí entre hechos y análisis político: la caracterización de esa política como un proyecto imperial corresponde a la interpretación expresada durante la entrevista.
Sin embargo, la discusión plantea una pregunta que América Latina conoce desde hace más de dos siglos: ¿hasta dónde llega la soberanía de sus países cuando sus intereses chocan con los de Estados Unidos?
Esa interrogante adquiere nueva relevancia cuando las presiones ya no necesariamente adoptan las formas tradicionales de intervención militar. Aranceles, sanciones, mercados financieros, tecnología, redes sociales, migración, narcotráfico y negociaciones comerciales pueden convertirse también en instrumentos de poder internacional.
La crítica al neoliberalismo
La conversación dedica una parte importante al neoliberalismo.
Monedero recuerda las privatizaciones, la desregulación económica, el debilitamiento sindical y la creciente influencia del sector financiero como características del modelo que comenzó a extenderse internacionalmente durante las últimas décadas del siglo XX.
En su interpretación histórica, Chile fue uno de los primeros grandes laboratorios latinoamericanos de esas políticas y México experimentó posteriormente su propia transformación económica durante los gobiernos iniciados en la década de 1980.
El problema contemporáneo, sostiene, es que la riqueza vuelve a concentrarse extraordinariamente en pocas manos.
Y cuando esa concentración económica alcanza dimensiones enormes, deja de ser solamente un problema de desigualdad: se convierte también en un problema democrático.
Un multimillonario no posee únicamente más dinero que un ciudadano común. Puede poseer medios de comunicación, plataformas tecnológicas, empresas estratégicas y capacidad directa de interlocución con gobiernos.
México y la batalla por el “sentido común”
México ocupa un lugar especial en el análisis de Monedero.
El politólogo considera que uno de los mayores éxitos políticos de Andrés Manuel López Obrador fue haber construido una narrativa capaz de disputar el denominado “sentido común” neoliberal.
Conceptos como privilegiar a los pobres, recuperar el papel del Estado y separar el poder económico del político formaron, según Monedero, parte de una transformación narrativa que trascendió las políticas concretas de un gobierno.
Para el politólogo español, esa construcción política ayuda a explicar la capacidad mexicana de resistir determinadas presiones procedentes de Estados Unidos.
También resulta reveladora su interpretación de la estrategia del actual gobierno mexicano frente a Trump. Cuando durante la entrevista se plantea si la presidenta está intentando ganar tiempo frente al mandatario estadounidense, Monedero considera inteligente una política que sepa distinguir cuándo negociar, cuándo ceder y cuándo establecer límites.
Una batalla que también es cultural
Hay otro elemento menos convencional en la conversación: el humor.
Para Monedero, reírse del poder puede convertirse en una forma de resistencia. Al principio de la entrevista sostiene que la risa elimina parte de la solemnidad con la que el poder intenta presentarse ante la sociedad y puede disminuir su dominio psicológico sobre los ciudadanos.
La observación parece anecdótica, pero encierra una reflexión política mayor.
Los sistemas de poder no sobreviven solamente mediante leyes, policías, ejércitos o dinero. También necesitan relatos, símbolos y una determinada percepción de autoridad.
Por eso la disputa política del siglo XXI se desarrolla simultáneamente en los gobiernos, las urnas, los medios de comunicación, las universidades, las plataformas digitales y la cultura.
¿Una nueva época para las Américas?
La entrevista con Juan Carlos Monedero no ofrece respuestas sencillas. Tampoco pretende hacerlo.
Su argumento fundamental es una advertencia: la democracia no es irreversible.
Puede debilitarse cuando el poder económico se concentra excesivamente, cuando desaparece una esfera pública plural, cuando los ciudadanos dejan de confiar en las instituciones y cuando las sociedades comienzan a aceptar como normales facultades que antes considerarían incompatibles con un sistema democrático.
Para América Latina, la discusión tiene una dimensión adicional.
La región deberá decidir durante los próximos años cómo relacionarse con una potencia estadounidense que, bajo Donald Trump, concibe la política internacional cada vez más en términos de negociación, presión, intereses económicos y poder.
La pregunta, entonces, trasciende a Trump.
Es la misma pregunta que acompaña a América Latina desde sus independencias:
¿puede una nación considerarse verdaderamente independiente si las decisiones fundamentales sobre su futuro pueden ser condicionadas desde fuera?
La respuesta no dependerá únicamente de Washington.
También dependerá de la capacidad de los pueblos latinoamericanos para defender sus instituciones, construir sus propios proyectos nacionales y convertir la soberanía en algo más que una palabra escrita en sus constituciones.

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