Canadá suspende las negociaciones comerciales con Estados Unidos y anuncia aranceles recíprocos
El primer ministro Mark Carney rechazó las últimas exigencias de Washington por considerarlas injustas, antieconómicas y contrarias a la soberanía canadiense.
La Redacción de Nuestra América Magazine
OTTAWA, Canadá.— El primer ministro canadiense, Mark Carney, anunció la suspensión de las negociaciones comerciales con Estados Unidos y ordenó el regreso a Ottawa de la delegación encargada de buscar un nuevo acuerdo con el gobierno del presidente Donald Trump.
La decisión se produjo después de que Washington modificara, en las últimas horas de las conversaciones, algunas de las condiciones que se habían discutido durante semanas. Según Carney, las nuevas exigencias estadounidenses resultaban económicamente perjudiciales, ofrecían pocas garantías de estabilidad y afectaban directamente la independencia de Canadá.
“Pidieron demasiado y ofrecieron muy poco”, resumió el primer ministro durante una conferencia de prensa celebrada el sábado 22 de agosto.
Carney sostuvo que Canadá negoció durante más de un año con paciencia y buena fe para preservar el acceso de sus empresas al mercado estadounidense, reducir los aranceles sobre sectores estratégicos y proporcionar mayor certidumbre a trabajadores e inversionistas.
Sin embargo, afirmó que el objetivo nunca fue alcanzar un acuerdo a cualquier precio.
Aranceles del 50 por ciento
Estados Unidos puso en vigor aranceles del 50 por ciento sobre mercancías canadienses valoradas en aproximadamente 28,000 millones de dólares canadienses, equivalentes a unos 20,000 millones de dólares estadounidenses.
Las medidas afectan productos como ropa, cerveza, cemento y equipos deportivos, además de sumarse a los gravámenes existentes sobre acero, aluminio, automóviles y otros sectores industriales.
Canadá responderá “dólar por dólar” mediante aranceles dirigidos contra productos estadounidenses de acero, lácteos, electrodomésticos, maquinaria agrícola, pulpa, papel y artículos electrónicos. Las nuevas medidas canadienses entrarán en vigor el martes 8 de septiembre, después del Día del Trabajo.
Carney reconoció que la respuesta podría elevar algunos precios y reducir las opciones disponibles para los consumidores canadienses. No obstante, aseguró que era necesaria para proteger a trabajadores, agricultores, pequeñas empresas y sectores industriales amenazados por la política comercial estadounidense.
El gobierno también prepara programas adicionales de asistencia para las empresas perjudicadas, que se sumarán a los casi 25,000 millones de dólares canadienses destinados durante los últimos 18 meses a enfrentar las consecuencias de los aranceles.
Las exigencias rechazadas por Canadá
Durante la conferencia de prensa, Carney explicó que uno de los principales desacuerdos estuvo relacionado con la industria automotriz. Estados Unidos pretendía limitar los beneficios arancelarios y excluir vehículos medianos y pesados fabricados en Canadá, además de reconocer únicamente el contenido estadounidense de los automóviles y no el conjunto de componentes producidos en América del Norte.
El gobierno canadiense consideró que esas condiciones podían hacer económicamente inviable una parte importante de su producción automotriz.
Carney también denunció que Washington intentó introducir disposiciones que restringirían la capacidad de Canadá para negociar acuerdos comerciales con otros países. Para el primer ministro, aceptar semejante condición equivaldría a renunciar a una parte esencial de la soberanía nacional.
Otro punto de conflicto fue la insistencia estadounidense en modificar las políticas canadienses destinadas a proteger la lengua francesa y la producción cultural del país.
Carney aseguró que la soberanía, la cultura y los derechos lingüísticos de Canadá nunca estuvieron sujetos a negociación.
Ottawa había ofrecido retirar algunos aranceles de represalia sobre el acero, el aluminio y los automóviles si Estados Unidos reducía sustancialmente sus propios gravámenes. También estaba dispuesto a recomendar que las provincias volvieran a vender bebidas alcohólicas estadounidenses y a realizar ajustes administrativos en su sistema de gestión de la oferta agrícola, pero sin desmantelarlo.
Washington rechaza la versión canadiense
El representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, presentó una versión diferente. Afirmó que fue Canadá quien introdujo nuevas demandas y se alejó de compromisos anteriores, a pesar de que Washington habría ofrecido reducir algunos aranceles sobre el acero, los automóviles, la madera y otros productos.
La contradicción entre las versiones de ambos gobiernos aumenta la incertidumbre sobre el futuro del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, conocido como T-MEC en español y CUSMA en Canadá.
La disputa también amenaza una relación comercial profundamente integrada. Canadá es el principal mercado para las exportaciones de 26 estados estadounidenses y figura entre los tres compradores más importantes de otros 45. El gobierno canadiense calcula que Estados Unidos vendió al país casi 600,000 millones de dólares canadienses en bienes y servicios durante el último año.
Al mismo tiempo, cerca de tres cuartas partes de las exportaciones canadienses tienen como destino el mercado estadounidense, lo que hace especialmente difícil y costoso un enfrentamiento prolongado.
Una estrategia para reducir la dependencia
Carney señaló que su gobierno acelerará una estrategia de diversificación comercial para reducir la dependencia de Estados Unidos. Canadá ha firmado más de 20 acuerdos comerciales y de seguridad en cinco continentes durante el último año y sus empresas cuentan actualmente con acceso preferencial a mercados que reúnen alrededor de 1,500 millones de consumidores.
Ottawa también impulsa proyectos de infraestructura, energía, minería, defensa y transporte que representarían cerca de 500,000 millones de dólares canadienses en nuevas inversiones privadas.
La ruptura de las conversaciones revela que la disputa ya no gira únicamente alrededor de aranceles, automóviles o productos agrícolas. En el fondo, plantea una confrontación sobre la capacidad de Canadá para mantener una política económica y comercial independiente frente a la presión de su vecino y principal socio.
Carney dejó abierta la posibilidad de reanudar las negociaciones si Washington presenta condiciones diferentes. Por ahora, el mensaje canadiense es que una relación comercial mutuamente beneficiosa continúa siendo posible, pero no a costa de su soberanía, sus industrias estratégicas ni su identidad nacional.
Fuentes informativas: Oficina del Primer Ministro de Canadá: conferencia de prensa del 22 de agosto de 2026; declaración oficial sobre la suspensión de las negociaciones; The Associated Press; Reuters

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