Por Joel Ortega Juárez L os lazos entre Cuba y México —para hablar de dos países, de dos conceptos, de dos Estados, de dos regímenes— no son un vínculo circunstancial, fortuito. Es un vínculo construido, generado, fortalecido por una red de relaciones ideológicas, de cosmovisiones, de cultura, de tradición, de lo que se llamaría una hegemonía en los términos clásicos de Gramsci. Y además de esa vinculación, de la liaison , o mejor dicho, junto a esa profunda articulación, se fue desarrollando también un conjunto de intereses muy materiales, muy políticos y, además, muy probablemente consolidados por la complicidad, desde la lucha compartida contra un enemigo común, el imperialismo yanqui, lo cual le da cierta ética, cierto respeto. Junto a esa lucha, también se produjo la perversión soberanista como instrumento para prácticas ilegales en relación con el derecho internacional. Cuba, en la década de los 80, tuvo claramente en su política de Estado una vinculación con los cártel...
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