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sábado, 8 de agosto de 2026

América Latina busca hacer valer su peso en la elección del próximo secretario general de la ONU

 



Por La Redacción de Nuestra América Magazine

La sucesión de António Guterres al frente de las Naciones Unidas ha abierto una oportunidad política poco frecuente para América Latina y el Caribe: colocar nuevamente a una figura de la región en la Secretaría General de la organización internacional.

El mandato de Guterres termina el 31 de diciembre de 2026 y quien resulte seleccionado asumirá el cargo el 1 de enero de 2027.

Aunque las Naciones Unidas no establecen formalmente una rotación geográfica obligatoria para ocupar la Secretaría General, durante décadas ha existido una expectativa de equilibrio regional.

América Latina solamente ha ocupado una vez el principal cargo diplomático de Naciones Unidas.

El peruano Javier Pérez de Cuéllar fue secretario general entre 1982 y 1991. Desde entonces, ningún latinoamericano ha vuelto a dirigir la organización.

Ahora varias candidaturas procedentes de la región han colocado nuevamente a América Latina en el centro de la discusión.

Entre las candidaturas oficialmente presentadas durante el proceso se encuentran la costarricense Rebeca Grynspan, la ecuatoriana María Fernanda Espinosa y el argentino Rafael Mariano Grossi.

También fueron presentadas anteriormente las candidaturas de la expresidenta chilena Michelle Bachelet y de la argentina Virginia Gamba, aunque ambas fueron posteriormente retiradas.

Una elección donde las grandes potencias conservan enorme influencia

El secretario general es nombrado formalmente por la Asamblea General, pero solamente después de recibir una recomendación del Consejo de Seguridad.

Eso concede un enorme poder político a los cinco miembros permanentes del Consejo: Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Reino Unido.

Cualquiera de ellos puede bloquear en la práctica una candidatura mediante su poder de veto.

Por ello, llegar a la Secretaría General requiere algo más que apoyo regional. El candidato o candidata debe conseguir un complicado equilibrio diplomático entre países que mantienen profundas diferencias geopolíticas.

¿El turno latinoamericano?

En círculos diplomáticos se habla de que América Latina y el Caribe podrían tener una oportunidad especialmente importante en esta elección.

Naciones Unidas reconoce que, aunque no existe una regla formal de rotación, la práctica histórica ha alimentado la percepción de que podría corresponder nuevamente a la región.

La posibilidad adquiere mayor importancia en un escenario internacional marcado por guerras, rivalidades entre grandes potencias, tensiones comerciales y cuestionamientos al sistema multilateral.

Para América Latina, ocupar la Secretaría General no significaría controlar las Naciones Unidas. El cargo tiene importantes limitaciones institucionales y depende de las decisiones de los Estados miembros.

Pero sí representaría una oportunidad para que una región con más de 650 millones de habitantes tenga una voz de enorme visibilidad en el escenario internacional.

La elección que se desarrolla durante 2026 será, por tanto, mucho más que una competencia entre nombres.

También será una prueba de cuánto peso diplomático puede ejercer América Latina dentro de un sistema internacional todavía dominado por las grandes potencias.

Fuentes informativas

Organización de las Naciones Unidas: proceso oficial de selección y nombramiento del próximo secretario o secretaria general.

Asamblea General de las Naciones Unidas: candidaturas y diálogos públicos del proceso de selección.

Naciones Unidas para América Latina y el Caribe: información sobre participación regional en el proceso.

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