¿Está Estados Unidos entrando en una era autoritaria?

El filósofo Jason Stanley advierte que el peligro para la democracia estadounidense va mucho más allá de Donald Trump






Por Larry Alvarez
Nuestra América Magazine

Estados Unidos atraviesa una transformación política que, para algunos observadores, ya no puede explicarse simplemente como la confrontación tradicional entre republicanos y demócratas. La discusión ha llegado a un terreno mucho más profundo: la fortaleza de las instituciones democráticas, la independencia judicial, los derechos civiles, la inmigración, el poder de las grandes corporaciones tecnológicas y la capacidad del Estado para ejercer control sobre sus propios ciudadanos.

Una de las voces que formula las advertencias más severas es la del filósofo estadounidense Jason Stanley, especialista en fascismo y propaganda política.

Stanley abandonó Estados Unidos y se trasladó a Canadá. En una entrevista concedida al periódico español Público, sostiene que la evolución política del país durante el segundo mandato del presidente Donald Trump confirmó muchos de los temores que había expresado desde los primeros meses de 2025.

Su diagnóstico es contundente: considera que Estados Unidos ya no funciona como una democracia normal y lo define como un sistema de “autoritarismo competitivo”.

Es una acusación extraordinariamente grave. Precisamente por eso merece ser examinada, no simplemente repetida.

El problema, según Stanley, no es solamente Trump

Una de las ideas más interesantes de la entrevista es que Stanley no reduce la situación estadounidense a la personalidad de Donald Trump.

Para el filósofo, Trump ha funcionado como vehículo de una transformación más profunda en la que convergen sectores políticos conservadores, grandes fortunas, empresas tecnológicas, grupos religiosos y un Poder Judicial que se ha desplazado ideológicamente hacia la derecha.

Stanley presta especial atención a la Corte Suprema.

Trump nombró a tres de sus nueve magistrados durante su primer mandato, consolidando una mayoría conservadora cuyos fallos han transformado áreas importantes de la legislación estadounidense. Stanley sostiene que el verdadero cambio político debe medirse también en esos nombramientos vitalicios y en su capacidad de influir en el país durante décadas.

Esto plantea una cuestión fundamental.

¿Qué ocurre cuando una transformación política sobrevive al político que la inició?

Donald Trump algún día dejará la presidencia. Los jueces federales, las estructuras institucionales, los precedentes legales y las concentraciones de poder económico pueden permanecer mucho más tiempo.

ICE y el poder dentro de Estados Unidos

La inmigración ocupa un lugar central en las preocupaciones de Stanley.

El filósofo considera que el enorme crecimiento del aparato de control migratorio representa algo más que una política destinada a detener y deportar inmigrantes indocumentados. Le preocupa que una fuerza federal con enormes recursos pueda convertirse en instrumento de control político interno.

En la entrevista llega a describir a ICE como una fuerza al servicio del proyecto político de Trump.

La expresión es polémica y corresponde a Stanley.

Pero la pregunta que la acompaña merece atención independientemente de que se comparta o no su conclusión: ¿cuáles deben ser los límites del poder de una agencia federal cuando opera dentro de las comunidades estadounidenses?

Para millones de latinos —incluidos ciudadanos estadounidenses y residentes legales— esa discusión ya no resulta abstracta.

El derecho al voto

Otra de las principales preocupaciones de Stanley está relacionada con las elecciones.

El filósofo señala las disputas sobre la redistribución de distritos electorales y las decisiones judiciales relacionadas con la representación política de las minorías. Considera que estos cambios pueden debilitar conquistas históricas obtenidas por el movimiento de los derechos civiles.

También manifiesta serias dudas sobre las condiciones en que se desarrollarán las elecciones de mitad de mandato.

Son predicciones, no hechos consumados, y deben tratarse como tales.

Sin embargo, existe una cuestión democrática que rebasa cualquier partido: cuando los ciudadanos dejan de confiar en que las reglas electorales permiten una competencia política auténtica, la legitimidad del sistema comienza a deteriorarse.

El poder de las grandes tecnológicas

Quizá uno de los aspectos menos discutidos del análisis de Stanley sea su preocupación por las corporaciones tecnológicas.

Para él, la amenaza al sistema democrático no procede exclusivamente del Gobierno.

También puede surgir de una concentración extraordinaria de riqueza, información, inteligencia artificial, medios de comunicación y capacidad de vigilancia en manos privadas.

Stanley considera especialmente peligrosa una posible alianza entre poder político y poder tecnológico, porque permitiría controlar no solamente instituciones, sino también la información que reciben millones de ciudadanos.

En el siglo XXI, controlar la conversación pública puede resultar casi tan importante como controlar una institución gubernamental.

Los algoritmos deciden qué vemos. Las plataformas determinan qué alcanza una audiencia masiva. Un pequeño grupo de corporaciones posee una capacidad de influencia social que habría sido inimaginable hace apenas una generación.

¿Fascismo?

Stanley ha dedicado buena parte de su carrera académica a estudiar precisamente este fenómeno.

Por ello utiliza el término sin vacilaciones para describir aspectos de la realidad política estadounidense contemporánea.

Pero es necesario manejar esa palabra con cuidado.

Estados Unidos continúa teniendo oposición política, organizaciones civiles, medios críticos, elecciones, gobiernos estatales con considerable autonomía y ciudadanos capaces de protestar contra el Gobierno.

Esas realidades no deben ignorarse.

Al mismo tiempo, tampoco deberían utilizarse como excusa para dejar de examinar señales de deterioro institucional cuando aparecen.

Las democracias rara vez desaparecen de un día para otro.

Pueden erosionarse gradualmente mediante cambios legales, concentración de poder, debilitamiento de contrapesos institucionales y aceptación social de prácticas que años antes habrían provocado indignación.

La advertencia más extrema

Al final de la entrevista, Stanley formula su conclusión más alarmante: considera que Estados Unidos se ha convertido en la mayor amenaza contemporánea para la libertad.

Es una afirmación deliberadamente provocadora y discutible.

Pero quizá lo verdaderamente importante no sea aceptar o rechazar literalmente esa frase.

Lo importante es preguntarnos cómo un país que durante generaciones se presentó ante el mundo como defensor de la democracia ha llegado al punto en que intelectuales estadounidenses especializados en autoritarismo consideran necesario abandonar su propio país y advertir públicamente sobre su futuro.

La democracia estadounidense ha sobrevivido guerras, depresiones económicas, segregación racial, Watergate, violencia política y profundas divisiones sociales.

Ahora enfrenta otra prueba.

Y esa prueba no consiste únicamente en determinar quién ocupará la Casa Blanca.

Consiste en decidir cuánto poder está dispuesta una sociedad democrática a entregar a un presidente, a los tribunales, a las agencias de seguridad, a las grandes corporaciones y a los multimillonarios antes de descubrir que recuperarlo puede resultar mucho más difícil que haberlo cedido.

Fuente informativa: Entrevista de Antònia Crespí Ferrer al filósofo Jason Stanley, publicada por Público, 12 de agosto de 2026 y actualizada el 14 de agosto de 2026. 

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