El T-MEC entra en una nueva disputa: cuánto contenido chino puede llevar un producto mexicano




Por Larry Alvarez

Las negociaciones sobre el futuro del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, conocido como T-MEC, han abierto un frente especialmente complejo: determinar cuánto contenido procedente de China puede incorporarse a un producto fabricado en México sin que este pierda el trato arancelario preferencial al ingresar a Estados Unidos.

El debate no se limita a impedir que mercancías chinas sean enviadas a territorio mexicano y posteriormente reexportadas como si fueran mexicanas. También incluye productos realmente fabricados o ensamblados en México, pero elaborados con componentes, materiales o piezas de origen chino.

Esta diferencia es fundamental porque cada situación requiere una regla distinta.

El código y el contenido

En un análisis publicado por el centro de estudios Inter-American Dialogue, el investigador Gilberto García-Vazquez identifica dos mecanismos que Estados Unidos podría intentar endurecer durante las próximas rondas de negociación.

El primero es el cambio de clasificación arancelaria. Este criterio examina si los materiales importados fueron sometidos en México a una transformación suficientemente importante como para que el producto final tenga un código aduanero diferente.

La regla puede detectar operaciones sencillas de triangulación, como introducir una mercancía china en México, modificar su empaque o realizarle cambios menores antes de enviarla a Estados Unidos. En esos casos, el producto no debería adquirir origen mexicano automáticamente.

El segundo mecanismo es el requisito de contenido regional. En lugar de observar solamente el código del producto, calcula qué porcentaje de su valor fue generado dentro de América del Norte.

Este segundo criterio es el que puede limitar con mayor precisión la cantidad de componentes chinos utilizada por una fábrica mexicana. Una pieza importada de China puede cambiar de clasificación al convertirse en parte de una máquina, un automóvil o un equipo electrónico. Por lo tanto, podría superar la prueba del código arancelario, aunque una parte considerable de su valor continúe siendo extranjera.

Las dos reglas no son intercambiables: una busca comprobar que exista una transformación productiva real y la otra mide cuánto valor norteamericano contiene la mercancía.

La triangulación parece menor que la dependencia de componentes

García-Vazquez analizó 4.584 categorías de productos y concluyó que las operaciones potencialmente relacionadas con cambios de código representarían aproximadamente el 2% del crecimiento reciente de las exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos: unos 4.200 millones de dólares distribuidos en 66 códigos arancelarios.

También calculó que México compra alrededor de 23 centavos en mercancías chinas por cada dólar que exporta a Estados Unidos. Entre las once economías examinadas, solamente Canadá registró una proporción inferior. Vietnam, en comparación, importó alrededor de 1,13 dólares desde China por cada dólar exportado al mercado estadounidense.

Estos cálculos, elaborados por el investigador y no por una agencia gubernamental, sugieren que México no funciona principalmente como un corredor para reetiquetar productos chinos. La cuestión más importante para Washington sería cuánto contenido chino debe permitirse dentro de mercancías que sí pasan por procesos manufactureros mexicanos.

Tampoco significa que cualquier componente de China esté prohibido. Las reglas del T-MEC varían según el producto y permiten determinados porcentajes de materiales no originarios. El país donde se encuentra la fábrica o la nacionalidad de sus propietarios tampoco determina por sí sola el origen de la mercancía.

Los automóviles, en el centro de la disputa

La industria automotriz ofrece el ejemplo más visible. Actualmente, los automóviles y camionetas ligeras deben alcanzar un contenido regional del 75% para recibir las preferencias del T-MEC.

De acuerdo con información obtenida por Reuters, la Administración de Donald Trump propuso elevar ese requisito al 82% y exigir que por lo menos el 50% del valor del vehículo sea generado específicamente en Estados Unidos. Esta última condición rompería con el principio de considerar a México, Estados Unidos y Canadá como una sola región productiva.

La propuesta estadounidense todavía no ha sido aceptada. Representantes de la industria automotriz mexicana la consideran una línea roja y advierten que mayores exigencias, sumadas a los aranceles existentes, podrían elevar los costos de producción y restar competitividad a todo el bloque norteamericano.

El planteamiento también muestra los límites de concentrarse únicamente en los códigos arancelarios. Un requisito de 82% de contenido regional actuaría directamente sobre las cadenas de suministro de las fábricas y obligaría a sustituir una parte de los componentes importados de China por piezas norteamericanas.

El tratado sigue vigente

El 1 de julio, durante la primera revisión conjunta establecida por el propio T-MEC, Estados Unidos se negó a extender el acuerdo por un nuevo periodo de 16 años en su forma actual.

Esa decisión no puso fin al tratado. El T-MEC continúa vigente hasta 2036, mientras México, Estados Unidos y Canadá realizan revisiones anuales y mantienen la posibilidad de acordar posteriormente su extensión.

Desde antes de la revisión formal, Washington optó por negociar por separado con México y Canadá. México y Estados Unidos preparan una cuarta ronda bilateral para septiembre, en la que se discutirán reglas de origen, automóviles, acero, aluminio, agricultura y seguridad económica.

Por eso, aunque frecuentemente se habla de una “renegociación”, jurídicamente el proceso continúa siendo la revisión prevista en el artículo 34.7 del tratado. En la práctica, sin embargo, las exigencias estadounidenses pueden producir modificaciones importantes.

La ruptura con Canadá preocupa a México

El fracaso de las conversaciones recientes entre Estados Unidos y Canadá aumentó la incertidumbre mexicana. Washington impuso nuevos aranceles a productos canadienses y Ottawa respondió con gravámenes de entre el 15% y el 50% sobre mercancías estadounidenses valoradas en aproximadamente 20.000 millones de dólares.

México observa el conflicto porque también intenta obtener una reducción de los aranceles estadounidenses. Las exportaciones mexicanas de acero y aluminio enfrentan tarifas del 50%, mientras que automóviles y autopartes pueden quedar sujetos a gravámenes del 25%, dependiendo de su cumplimiento con las reglas del tratado y del contenido estadounidense reconocido.

La presidenta Claudia Sheinbaum envió al secretario de Economía, Marcelo Ebrard, a Washington para continuar las conversaciones. México ha evitado involucrarse directamente en la disputa entre Trump y el primer ministro canadiense Mark Carney, pero reconoce que el desenlace puede revelar cuánto margen de negociación está dispuesto a conceder Estados Unidos.

La experiencia canadiense no determina automáticamente el resultado mexicano. Cada país negocia sectores y concesiones diferentes. Sin embargo, demuestra que Washington está dispuesto a utilizar los aranceles como instrumento de presión incluso durante la revisión de un tratado que continúa formalmente vigente.

Una decisión sobre el modelo productivo regional

La discusión de fondo no consiste solamente en cerrar el paso a China. Los negociadores deberán decidir hasta qué punto las fábricas mexicanas pueden depender de componentes asiáticos sin debilitar la integración productiva norteamericana.

Reglas demasiado flexibles podrían facilitar una mayor dependencia de insumos chinos. Requisitos excesivamente estrictos, en cambio, podrían aumentar los costos, interrumpir cadenas de suministro y reducir la competitividad de las propias empresas estadounidenses.

El reto será distinguir entre la simple triangulación de mercancías y la manufactura legítima que utiliza componentes internacionales. El resultado definirá no solo el acceso de México al mercado estadounidense, sino también el futuro industrial de América del Norte.

La Redacción de Nuestra América Magazine

Fuentes consultadas

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