Delcy Rodríguez y Trump: acuerdos estratégicos, recursos y la deuda con el pueblo venezolano

 

Crédito recomendado: Imagen editorial generada con IA para Nuestra América Magazine.


Por María Rivas
Impacto Económico

La reunión entre la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en Nueva York abre una nueva etapa de relación bilateral. Según lo informado por Rodríguez, ambos conversaron sobre una agenda de cooperación en sectores estratégicos como energía, minería y seguridad.

El encuentro puede ser presentado como un avance diplomático. Sin embargo, para Venezuela plantea preguntas que no pueden quedar fuera de la discusión: ¿quién se beneficiará de los acuerdos?, ¿qué recursos estarán comprometidos?, ¿qué lugar tendrán los venezolanos en las decisiones que afectan su presente y su futuro?

Una de las mayores debilidades del país es que el alcance y control de sus recursos estratégicos permanece concentrado en monopolios empresariales vinculados al poder gubernamental. Petróleo, oro, minerales y otras riquezas nacionales no pueden convertirse en una negociación reservada entre gobiernos y élites económicas, mientras la población continúa enfrentando precariedad, separación familiar y migración forzada.

Millones de venezolanos han tenido que salir de su país buscando seguridad, empleo y oportunidades. A la vez, muchos países aplican deportaciones y medidas restrictivas sin que exista una política regional seria para reconstruir sus derechos, asegurar su retorno voluntario y crear condiciones de vida digna dentro de Venezuela. No hay justicia si los acuerdos producen beneficios para quienes controlan el poder, mientras se desahucia a la población que ha pagado el mayor costo de la crisis.

La cooperación internacional debe estar vinculada a transparencia, rendición de cuentas, respeto a los derechos humanos y recuperación de la democracia. No puede limitarse a negociar el valor del petróleo, el oro o los minerales. Los recursos de Venezuela pertenecen a la nación, no a un grupo político ni a intereses externos.

También debe preguntarse cuál es la función de Naciones Unidas en este proceso. La ONU tiene la responsabilidad de defender los principios de democracia, paz, derechos humanos y autodeterminación de los pueblos. No puede convertirse en un escenario que normalice poderes sin legitimidad democrática ni que tolere el cautiverio político de una nación.

La comunidad internacional debe mirar más allá del dinero y de los recursos naturales. Venezuela necesita elecciones libres, instituciones independientes, justicia para las víctimas, garantías para el regreso de los migrantes y una economía que beneficie a toda la sociedad.

La democracia debe ser honrada. No puede ser un nido de dictaduras legitimadas por la diplomacia, el silencio o los acuerdos económicos. La humanidad y la libertad de los pueblos deben estar por encima del oro, del petróleo y de los intereses de las élites.

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