DE LAS GUERRAS CIVILES AL TAPÓN DEL DARIÉN: CENTROAMÉRICA, DESPLAZAMIENTO Y MEMORIA
Por
Bernardo Méndez Lugo, - diplomático en retiro, analista en Políticas Públicas,
docente fundador de UAM-Xochimilco. Mis opiniones son personal
Mi
conocimiento de Centroamérica no proviene únicamente de la lectura de
estadísticas o informes internacionales. A lo largo de mi trayectoria
profesional y académica tuve oportunidad de conocer de cerca realidades de El
Salvador, Nicaragua y Honduras, países cuya historia reciente estuvo
profundamente marcada por conflictos políticos, guerras civiles, desigualdad y
desplazamientos humanos.
Esa
experiencia me permite afirmar que las grandes caravanas migratorias
contemporáneas no surgieron de la nada.
Tienen
antecedentes históricos.
Durante
las décadas de 1970, 1980 y principios de los noventa, Centroamérica
experimentó algunos de los conflictos más traumáticos de su historia moderna.
Miles de personas tuvieron que abandonar sus comunidades para salvar la vida.
Otros cruzaron fronteras internacionales y se convirtieron en refugiados.
El
desplazamiento fue entonces una consecuencia directa de la violencia política y
de las guerras.
Hoy
las causas han cambiado, pero la movilidad forzada continúa.
De las
guerras civiles a las nuevas formas de desplazamiento
El fin
de los conflictos armados no significó el fin de la migración forzada.
En El
Salvador, Honduras y Nicaragua han aparecido nuevas formas de expulsión
vinculadas con violencia criminal, deterioro institucional, pobreza,
desigualdad, inseguridad alimentaria y fenómenos climáticos.
ACNUR
identifica actualmente una combinación de violencia, reclutamiento forzado,
violencia de género, pobreza, inseguridad alimentaria y cambio climático como
factores de desplazamiento en el norte de Centroamérica. (ACNUR)
Esto
es fundamental para comprender la migración contemporánea.
La
persona que hoy abandona Honduras puede no estar huyendo de una guerra civil,
pero puede estar huyendo de una estructura de violencia que le impide vivir,
trabajar y criar a sus hijos con seguridad.
La
persona que abandona El Salvador puede no estar escapando de una persecución
política tradicional, pero puede encontrarse sometida a extorsión, amenazas o
control territorial.
Y
Nicaragua representa otro componente de esta nueva realidad: la crisis política
iniciada en 2018 provocó un importante desplazamiento hacia países vecinos,
especialmente Costa Rica. (ACNUR)
Los
desastres naturales también desplazan
Durante
mis acercamientos a Centroamérica aprendí que no podemos separar
artificialmente la problemática política de la económica y ambiental.
Huracanes,
inundaciones, sequías, deslizamientos y pérdida de cosechas pueden destruir en
pocas horas aquello que una familia tardó décadas en construir.
La
crisis climática está convirtiendo esta situación en un desafío todavía mayor.
El
llamado Corredor Seco centroamericano, que comprende áreas de Guatemala,
Honduras y El Salvador, es particularmente vulnerable a sequías y pérdidas
agrícolas. Recientemente se han documentado nuevamente graves afectaciones a
hogares rurales dependientes del maíz y los frijoles. (Reuters)
Cuando
una familia pierde simultáneamente su vivienda, sus cultivos y sus ingresos, la
migración puede convertirse en una estrategia de supervivencia.
El
Darién: una nueva frontera de la desesperación
En los
últimos años, la movilidad continental ha adquirido una dimensión nueva.
Personas
procedentes de Sudamérica emprenden una larga ruta hacia el norte y llegan al
Tapón del Darién, entre Colombia y Panamá.
La
selva representa una frontera natural extraordinariamente peligrosa.
Pero
el Darién no debe analizarse como un fenómeno aislado.
Forma
parte de un corredor mucho más amplio:
Sudamérica → Darién → Centroamérica → México →
frontera norte → Estados Unidos.
El
migrante que observamos en México puede haber recorrido miles de kilómetros
antes de llegar a territorio mexicano.
Por
eso me parece equivocado analizar el fenómeno únicamente desde la perspectiva
de la frontera México-Estados Unidos.
La
historia comienza mucho antes.
México
como país de tránsito y protección
México
ocupa una posición estratégica.
Es
simultáneamente país de origen, tránsito, destino y retorno.
Esta
condición exige una política mucho más sofisticada que una simple política de
contención.
México
debe cooperar con Centroamérica, pero también con Estados Unidos y Canadá, para
crear mecanismos regionales que permitan identificar tempranamente a las
personas con necesidades de protección, ofrecer alternativas de movilidad
regular y combatir a las organizaciones criminales que lucran con la
vulnerabilidad humana.
La
experiencia centroamericana demuestra que las políticas exclusivamente
represivas tienen límites.
La
evidencia reciente de ACNUR muestra que decenas de miles de personas continúan
desplazadas internamente en El Salvador y Honduras y que cientos de miles de
personas de la subregión permanecen como refugiadas o solicitantes de asilo. (ACNUR)
Una deuda histórica con Centroamérica
Mi
relación con El Salvador, Nicaragua y Honduras también me lleva a una reflexión
de carácter histórico.
México
no puede mirar a Centroamérica únicamente cuando existe una crisis migratoria.
Debe
recuperar una política regional de largo plazo.
Durante
décadas, México tuvo una presencia diplomática y política importante en
Centroamérica. Esa tradición debe actualizarse mediante una agenda que
incorpore desarrollo, infraestructura, empleo, educación, cambio climático,
protección civil y movilidad humana.
La
prevención del desplazamiento comienza mucho antes de que una persona llegue a
la frontera.
Comienza
en su comunidad.
El
verdadero significado de la movilidad humana
Cuando
hablo de migración prefiero hablar también de movilidad humana, porque esta
expresión permite comprender mejor la diversidad de situaciones.
Hay
trabajadores migrantes.
Hay
refugiados.
Hay
solicitantes de asilo.
Hay
personas desplazadas internamente.
Hay
víctimas de desastres.
Y hay
familias que combinan todas estas circunstancias.
La
política pública debe reconocer esa complejidad.
Mi
experiencia centroamericana me enseñó algo que considero esencial: detrás de
cada flujo migratorio existe una historia nacional y detrás de cada migrante
existe una historia personal.
El
desafío para México y Centroamérica consiste en construir una región donde
migrar pueda ser una opción, no una obligación.
Y
cuando abandonar el hogar sea inevitable, hacerlo de manera segura, ordenada y
digna debe ser un derecho que los Estados aprendan a garantizar.


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