Perú, entre Washington y Pekín: el puerto de Chancay concentra una disputa estratégica


 

Por La Redacción de Nuestra América Magazine

Perú se ha convertido en uno de los escenarios más visibles de la competencia entre Estados Unidos y China por la influencia económica y estratégica en América Latina. La administración de Donald Trump ha buscado reforzar sus vínculos con Lima y advertir sobre la expansión de empresas chinas en sectores considerados sensibles; sin embargo, el peso comercial y financiero de Pekín limita cualquier intento de que el país andino se aleje de su principal socio económico.

La tensión se expresa con claridad en el megapuerto de Chancay, situado al norte de Lima y operado por la empresa china Cosco Shipping. Inaugurado a finales de 2024, el complejo fue concebido como una puerta directa entre Sudamérica y Asia. Sus rutas marítimas reducen tiempos y costos de transporte, y el puerto comienza a consolidarse como centro de distribución regional para productos asiáticos y exportaciones peruanas.

Para Washington, la creciente presencia china en infraestructura crítica plantea preocupaciones de seguridad y soberanía. Funcionarios y analistas estadounidenses han sostenido que el control extranjero de puertos, redes logísticas y recursos estratégicos puede tener implicaciones que van más allá del comercio. El debate también alcanzó la supervisión regulatoria de Chancay, luego de que una decisión judicial respaldara la posición de Cosco de que se trata de una inversión privada; el caso permanece en apelación.

Pero en Perú la discusión no se reduce a la rivalidad entre las dos potencias. China es el principal socio comercial del país y mantiene inversiones importantes en minería, energía, infraestructura y transporte. El comercio bilateral entre ambos países alcanzó cerca de 50 mil millones de dólares el año pasado, frente a unos 19 mil millones con Estados Unidos. Para sectores empresariales y comunidades vinculadas a la actividad exportadora, las inversiones chinas son una fuente concreta de empleo, conectividad y acceso a mercados.

La llegada de Keiko Fujimori a la presidencia no ha alterado esa realidad. Aunque su gobierno conservador ha mostrado disposición a estrechar la cooperación política y de seguridad con Washington, la relación económica con China continúa siendo demasiado profunda para sustituirse con facilidad. La disyuntiva que se plantea desde Estados Unidos —escoger entre una alianza estratégica con Washington o la continuidad de los vínculos con Pekín— no encuentra una respuesta sencilla en la economía peruana.

El puerto de Chancay resume esa contradicción: para Estados Unidos es un proyecto que debe ser observado con cautela estratégica; para China, una pieza de su conexión comercial con América Latina; y para muchos peruanos, una inversión que ofrece resultados económicos tangibles. La disputa no sólo definirá la política exterior de Lima, sino también el margen de autonomía con el que Perú buscará relacionarse con las dos mayores potencias del mundo.

Esta nota fue elaborada con información de The New York Times, Reuters y el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS).

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