FRANCIA: La protesta real y la mentira viral: la geopolítica de la desinformación en las redes sociales
Por Bernardo Méndez Lugo,
Diplomático mexicano en retiro con rango de Ministro del Servicio Exterior Mexicano, actualmente director ejecutivo de Fundación Promigrante Americasinmuros AC en Ciudad de México
Así, una demanda
laboral puede presentarse como una insurrección, un enfrentamiento aislado como
prueba del colapso institucional y un episodio de inseguridad como evidencia de
que una ciudad entera está fuera de control.
Este mecanismo
conecta situaciones distintas en Europa y México. Las causas de las protestas
pueden ser legítimas y específicas, pero su circulación digital obedece a una
lógica común: las imágenes más impactantes suelen imponerse sobre las
explicaciones más completas.
En esa dinámica
convergen intereses partidistas, búsqueda de audiencia y, en ciertos casos,
operaciones de influencia vinculadas con disputas geopolíticas.
En Francia,
Madrid, Milán y Tirana, las movilizaciones relacionadas con demandas
educativas, laborales, vivienda, costo de vida o cuestionamientos a las
autoridades deben entenderse dentro de sus respectivos contextos nacionales.
Los
enfrentamientos y daños registrados en algunas jornadas no representan
necesariamente a todos los manifestantes.
Sin embargo,
cuando predominan videos de violencia, una protesta plural puede quedar
reducida en redes a una imagen de caos generalizado. La descontextualización
también puede alimentar narrativas que presentan a los gobiernos como incapaces
de mantener el orden o a los manifestantes como una amenaza uniforme.
En México, el
mismo mecanismo puede operar sobre conflictos de naturaleza diferente. En la
Ciudad de México, las movilizaciones de trabajadores del Instituto Mexicano del
Seguro Social plantean cuestiones laborales y de funcionamiento de los
servicios públicos.
Si la cobertura
se concentra exclusivamente en los momentos de confrontación, las demandas
sobre salarios, insumos y condiciones de trabajo corren el riesgo de quedar
relegadas. La distorsión no consiste necesariamente en inventar los hechos,
sino en mostrar una parte como si explicara el conjunto.
Algo semejante
ocurre con la inseguridad, aunque aquí es indispensable distinguir entre
protesta social y violencia criminal.
En Mazatlán, la
preocupación de residentes y visitantes puede responder a episodios reales; en
Tulum, la seguridad de la población y de los turistas repercute tanto en la
vida cotidiana como en la economía local.
Videos sin fecha,
ubicación confirmada o contexto pueden exagerar o confundir la dimensión de un
incidente. Pero atribuir toda denuncia a una campaña de desinformación sería
igualmente irresponsable: la manipulación digital no elimina los problemas
reales que deben investigar las autoridades.
La dimensión
geopolítica ayuda a comprender por qué estas distorsiones merecen atención.
En 2024, el
Departamento de Justicia de Estados Unidos anunció acciones contra dominios
vinculados, según su investigación, con la operación rusa Doppelgänger, que
imitaba medios legítimos para difundir propaganda.
Ese mismo año,
investigadores de Graphika y Stanford documentaron redes encubiertas de
orientación prooccidental que empleaban perfiles falsos y mensajes coordinados.
Estos antecedentes muestran que distintas agendas pueden recurrir a técnicas
similares para influir en la opinión pública.
No prueban, sin
embargo, que Rusia, Estados Unidos u otra potencia haya organizado las
movilizaciones europeas o los acontecimientos mexicanos aquí mencionados.
La conexión entre
los casos no es una autoría común demostrada, sino la vulnerabilidad
compartida: una realidad compleja puede ser convertida en un relato
simplificado, emocional y políticamente útil.
La respuesta
exige medios independientes, transparencia institucional, plataformas
responsables y ciudadanos capaces de distinguir hechos, interpretaciones y
propaganda.
También obliga a
los gobiernos a atender las demandas laborales y las preocupaciones de
seguridad, en vez de descalificar automáticamente las críticas como maniobras
externas.
En Europa y
México, defender la democracia significa proteger tanto el derecho a
manifestarse como el derecho a comprender lo ocurrido.
Una protesta no
equivale al colapso de un país, un video no representa toda una realidad y
ninguna potencia, partido o influencer debe quedar exento del escrutinio
público.


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