sábado, 3 de enero de 2026

Washington administrará Venezuela durante el período de transición tras la intervención militar de EE. UU.




Por Nuestra América Magazine – Reportaje Especial

Tras la intervención militar de Estados Unidos, funcionarios en Estados Unidos han indicado que Washington asumirá la administración de funciones clave en Venezuela de manera temporal, mientras se organiza una transición política. El objetivo declarado, según autoridades estadounidenses, es evitar el colapso institucional, estabilizar los servicios básicos y preparar el terreno para entregar el poder a un gobierno civil de transición.

El anuncio ha intensificado un debate ya encendido en toda América Latina: quién gobierna ahora Venezuela, bajo qué autoridad y por cuánto tiempo.

Qué significa “administración temporal”

Funcionarios estadounidenses describen este esquema no como un gobierno permanente, sino como supervisión y coordinación de funciones críticas del Estado en Venezuela. Entre ellas se incluyen:

  • Seguridad de infraestructuras estratégicas (puertos, refinerías, red eléctrica)
  • Administración de aduanas y exportaciones petroleras
  • Coordinación de ayuda humanitaria y distribución de alimentos
  • Apoyo a la reestructuración de la autoridad electoral

La dirección política recaería en el Departamento de Estado de Estados Unidos, en coordinación con el Pentágono y algunos socios internacionales. Funcionarios y técnicos venezolanos permanecerían en sus cargos, pero bajo supervisión externa.

Washington insiste en que este marco será estrictamente limitado en el tiempo, y concluirá una vez que se instale una autoridad de transición y se convoquen elecciones.




¿Una transición sin soberanía?

Críticos sostienen que administrar otro país —aunque sea de forma temporal— equivale a una ocupación de facto, independientemente del lenguaje utilizado. Juristas y diplomáticos latinoamericanos advierten que ninguna transición puede reclamar legitimidad si es diseñada e impuesta por una potencia extranjera.

“Esto no es una tutela neutral”, afirmó un analista regional. “Es una forma de gobierno moldeada por los intereses estratégicos de Estados Unidos —energía, seguridad y geopolítica— y no por el consenso venezolano”.

La ausencia de un mandato de las Naciones Unidas ha profundizado las preocupaciones. Aunque funcionarios estadounidenses afirman que los organismos internacionales serán “consultados”, no existe una resolución multilateral vinculante que autorice a Washington a administrar Venezuela durante la transición.

¿Quién lidera después de la intervención?

Según declaraciones de Estados Unidos, podría formarse un consejo de transición, integrado por figuras de la oposición, tecnócratas y representantes de la sociedad civil. Sin embargo, las decisiones clave —presupuestarias, militares y diplomáticas— quedarían bajo supervisión estadounidense hasta que Washington certifique que las condiciones son “estables”.

Esto plantea la pregunta central que hoy enfrenta el pueblo venezolano:
¿se trata de una transición hacia el autogobierno o de una antesala para instalar un gobierno alineado con Estados Unidos?

Muchos temen lo segundo. Un liderazgo que emerja bajo protección militar extranjera corre el riesgo de ser percibido como un gobierno títere, debilitando su legitimidad y su capacidad real de gobernar.

Reacción regional e internacional

Gobiernos de América Latina han expresado alarma. Varios han advertido que la administración externa de Venezuela sienta un precedente peligroso, reviviendo recuerdos de intervenciones del siglo XX. Han crecido los llamados para que Naciones Unidas intervenga y sustituya el control unilateral por un mecanismo de transición multilateral.

Organizaciones de derechos humanos, por su parte, alertan que la protección de la población civil debe ser prioritaria, especialmente en zonas urbanas pobres y regiones fronterizas ya afectadas por el desplazamiento y la escasez.

Petróleo, economía y control

Las vastas reservas petroleras de Venezuela ocupan un lugar central en el plan de transición. Funcionarios estadounidenses han confirmado que la producción y exportación de energía serán estrechamente supervisadas para “evitar la corrupción y financiar la reconstrucción”. Los críticos responden que esto equivale a colocar el principal recurso nacional bajo control extranjero en el momento de mayor vulnerabilidad del país.

Las decisiones económicas que se tomen ahora —política monetaria, reestructuración de la deuda, privatizaciones— podrían marcar a Venezuela durante décadas, mientras los venezolanos tienen poca o ninguna voz en ese proceso.

Un camino incierto

Washington sostiene que, sin control estadounidense, Venezuela corre el riesgo de caer en el caos, el conflicto interno y una catástrofe humanitaria. Sus opositores responden que la estabilidad impuesta desde el exterior es frágil, y que la paz duradera solo puede lograrse con participación y liderazgo venezolano.

Al comenzar 2026, Venezuela se encuentra en una encrucijada histórica. El país ya no es gobernado exclusivamente por sus propias instituciones, pero tampoco se le ha devuelto una alternativa soberana clara. Si esta transición administrada por Estados Unidos conduce a la democracia y la recuperación, o a una prolongada dependencia y resentimiento, dependerá de cuán pronto el poder regrese a manos venezolanas y de si el pueblo puede realmente decidir su propio futuro.

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