Por Angélica
Beltrán
Es evidente que las intervenciones militares, económicas y políticas de Estados Unidos en América Latina nada tiene que ver con la defensa de la democracia o el combate al narcotráfico, sino con el saqueo de naciones independientes y soberanas.
En esa lógica
imperialista se inscribe la invasión militar a Venezuela y el secuestro del
presidente en funciones Nicolás Maduro ayer sábado. Acciones con las que Donald
Trump reinaugura la política de intervención militar de Estados Unidos; esa
política del siglo XIX consagrada en la doctrina Monroe: América para
Estados Unidos.
Una política
militar suavizada en el último siglo, a través de tratados comerciales, deudas
externas impagables, bloqueos económicos y otros instrumentos de política
exterior con los cuales el imperio se había contentado para someter a
Latinoamericana.
Pero para iniciar
este año, Trump optó por el regreso de la política agresiva, intervencionista,
en notoria desesperación por recuperar terreno perdido en Latinoamérica; y para
fortalecerse frente a potencias económicas emergentes como Rusia y China.
Y aunque la
respuesta al ataque militar ha sido la condena internacional y el avivamiento
de la confrontación interna de demócratas y republicanos en Estados Unidos; la
preocupación latente crece en el resto de Latinoamérica, pues el ataque a
Venezuela no es el fin, sino el inicio del intervencionismo de Estados Unidos
en la región, para apropiarse de los recursos naturales y sobre todo del
petróleo de naciones como Brasil, Colombia y México.
El sueño de Simón
Bolívar de la unión latinoamericana y la fortaleza de la región sigue vigente;
pero con muchas dificultades para consolidarse. Desde la llegada de los
primeros gobiernos de izquierda en latinoamericana Estados Unidos ha buscado
ponerles fin e impedir el fortalecimiento e integración de Latinoamérica, con
ataques aislados o golpes de Estado como en Chile. Y en lo sucesivo, ha
mantenido el recelo para que estos países abran su comercio al mundo y a las
inversiones.
Sin embargo, ante
el crecimiento económico y hoy tecnológico de países que ya compiten en
igualdad de circunstancias con la Unión Americana; Trump en su segundo mandato
parece acabará con la política exterior diplomática y continuará con la
embestida militar en contra de Colombia, México y Brasil, las naciones con más
petróleo de la región.
El anuncio de
Trump de que la Unión Americana administrará el petróleo de Venezuela -país con
la mayor reserva del hidrocarburo en el mundo- evidencia sin tapujos que el
narcotráfico y la protección de la democracia nada tienen que ver con los
motivos de Estados Unidos para intervenir en Latinoamérica.
Y en esta
desolación no se sabe si Rusia y China intervendrán a favor de los países
latinoamericanos; su postura ha sido moderada y se ha limitado a condenar la
invasión militar, sin más.
En tanto, las
amenazas de Trump contra México, por el tema del narcotráfico y el ofrecimiento
de su “ayuda” para combatirlo, preparan el camino de Estados Unidos para
saquear nuestros recursos naturales y sobre todo el petróleo; siendo el combate
al narcotráfico el pretexto para legitimar la intervención.
Así, en lo
sucesivo, para mejor comprender el curso de la política actual habrá que
retomar los conceptos de los estudios latinoamericanos del siglo XIX y XX, de
colonialismo, imperialismo e intervencionismo militar para comprender lo que
reinicia Trump en pleno siglo XXI.
Para finalizar es
preciso decir que, contrario a lo que dice Donald Trump sobre el narcotráfico,
Estados Unidos es el país que auspicia, fomenta y protege a los cárteles de la
droga en Latinoamérica, como un arma para debilitar las democracias de los países
de la región; y en beneficio de la población norteamericana, la mayor
consumidora de estupefacientes en el mundo. ¿A poco creen que los militares que
invadieron Venezuela iban en su sano juicio?


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