Por Joel Ortega Juárez
En una operación relámpago, pero
preparada durante mucho tiempo con la complicidad de altos mandos
militares y gubernamentales que traicionaron a Maduro, el dictador fue derrocado y
llevado a juicio a los Estados Unidos.
Trump con su Doctrina
Monroe (1823) ahora actualizada asesta un golpe mortal al orden
internacional construido después de la segunda guerra mundial, un gran acuerdo establecido por las potencias que derrotaron al eje Roma,
Berlín, Tokio, es decir la URSS, Estados Unidos, Francia e Inglaterra, dando origen a la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
Trump pretende
imponer la política
mundial del patio trasero, el de la región de Estados Unidos: toda américa
desde Canadá hasta el estrecho de magallanes y el caribe, además Groenlandia; Rusia
con Asía Central y el centro de Europa, incluyendo los Balcanes; China incluyendo
Taiwán; Japón, Indochina, Indonesia, Filipinas; la India y toda la antigua región hindú; la Unión Europea y Australia sometidas a Estados
Unidos.
Ese “orden internacional” se basa en la arbitrariedad y el caos. En ese marco global, el dictador Maduro es derrocado. Trump y Maduro son un par de criminales de lesa humanidad.
El anticomunismo pretende imponer
su opción apoyando
a Trump en la defensa del mundo libre.
El anacrónico antiimperialismo pretende
la defensa de Maduro, a pesar de que sea un “autoritario”. Es una falsa disyuntiva.
A mi generación le tocó vivir la
derrota del nazismo y el fascismo; la Revolución China de 1949, las
revoluciones de independencia de África : Argelia, Ghana, Egipto, Libia, el Congo
, posteriormente de Angola, Mozambique, Cabo Verde, en África y Macao en Asia;
la revolución cubana en 1959, la derrota a los franceses en Dien bien Phu
en 1954 y a los Estados Unidos el 30 de abril
de 1974, después la derrota del Apartheid
en Sudáfrica con Mandela con su liberación el
11 de febrero de 1990 tras 27 años de
prisión y su triunfo electoral en abril de 1994.Eran los años que el viento
soplaba a favor de la revolución.
A
fines del siglo XX surgió el fenómeno del “progresismo “en el sur del
continente, con los triunfos de Luis Ignacio Lula da Silva en Brasil y Hugo Chávez
en Venezuela quien fundó el llamado Bolivarismo o Socialismo del siglo
XXI.
Al morir Hugo Chávez surgió Nicolás
Maduro, ciertas corrientes intelectuales denominaron a estos regímenes como populismo.
Lula aceptó las reglas del juego
democrático y aceptó sus derrotas e incluso sufrió prisión.
Otro integrante del populismo fue Evo
Morales en Bolivia, Rafael correa en Ecuador
y en cierta medida Manuel Zelaya en Honduras.
En 27 años el chavismo-madurismo
convirtió a Venezuela en un infierno: casi 10 millones huyeron del país, la industria petrolera
está en quiebra, hay miseria, desempleo, empobrecimiento masivo y sobre todo
anulación de la libertad y la democracia.
El colmo fue el gran
fraude de 2024, donde la oposición bajo el liderazgo de María Corina Machado, a la que negaron su registro como candidata
Los
gobernantes bolivarianos de Maduro,
ante lo cual registraron a Edmundo González quien obtuvo el 67 % de los votos y
Nicolás Maduro solamente el 30 %.
Maduro se negó a mostrar las actas y se impuso
como presidente espurio. La dictadura de Maduro no aceptó su derrota y
puso a Venezuela bajo un estado de sitio,
persiguió cualquier acto disidente, encarceló, torturó, desapareció y asesinó a centenares, incluso
a al candidato presidencial
del Partido Comunista venezolano Enrique
Márquez quien permanece desaparecido,
aunque formalmente este preso,
sin que nadie lo haya visto en un periodo largo. Su caso es muy emblemático por ser comunista, pero hay centenares en la misma situación.
El
derrocamiento de Maduro impuso a Delcy Rodríguez como presidenta interina, subordinada a Trump, quien
pretende establecer en Venezuela un consulado al estilo del antiguo
imperio romano. Esta señora es una demagoga capaz de exigir el “retorno de
nuestro presidente bolivariano Nicolás Maduro y a la media hora decir que está
dispuesta a aceptar los mandatos de Trump y Marco Rubio, Secretario de Estado, de origen cubano quien públicamente ha aceptado ser el “constructor” del derrocamiento
de Maduro.
La
tragicomedia es tremenda, el mismo hijo de Maduro, Nicolasito, lejos de denunciar la traición que sufrió su padre
se ha colocado a servicio de Delcy Rodríguez y su hermano Jorge Rodríguez.
Es
necesario impedir la consolidación del orden internacional de Trump de su política de los patios traseros y también
exigir el fin de la dictadura sin Maduro, del consulado de Delcy rodríguez y
sus cómplices, liberando a los presos políticos, estableciendo la libertad
de reunión, de
manifestación, de prensa, que fueron abolidos
por la dictadura de Maduro.


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