sábado, 11 de octubre de 2025

¿Premio Nobel de la Paz o distinción a la confrontación? La polémica tras el galardón a María Corina Machado

 

Machado y Bush, toto proporcionada por el autor


Por Ollantay Itzamná

La reciente entrega del Premio Nobel de la Paz a la líder opositora venezolana María Corina Machado ha desatado una ola de debate global, reactivando una discusión que ha marcado la historia del galardón: la aparente desconexión entre el espíritu del premio y las trayectorias de algunos de sus laureados. Críticos de la decisión señalan una preocupante tendencia del Comité Noruego del Nobel a premiar figuras asociadas, según su visión, más a la confrontación política violenta que a la construcción de la paz en su sentido más amplio.

El otorgamiento a Machado, reconocida por el Comité por su «incansable labor en la promoción de los derechos democráticos del pueblo venezolano», es visto por sus defensores como un poderoso respaldo internacional a la lucha por la democracia en un contexto de represión. Sin embargo, en Venezuela y entre analistas internacionales, la distinción ha sido recibida con escepticismo por quienes le atribuyen un historial de promoción de acciones de calle que, en ocasiones, escalaron a niveles de violencia y polarización extrema.

Esta controversia inevitablemente trae a la memoria la entrega del mismo premio al expresidente de Estados Unidos, Barack Obama, en 2009. El galardón a Obama, que se produjo apenas a nueve meses de su llegada a la Casa Blanca, fue recibido con estupor y críticas generalizadas, sobre todo porque su gobierno, lejos de detener los conflictos, intensificó la guerra en Afganistán y promovió otras intervenciones militares. Para muchos, este antecedente sentó un precedente de cómo el premio, en lugar de honrar la paz consumada, parecía alinearse con agendas políticas y geopolíticas de Occidente.


Foto archivo

Bajo esta óptica, el premio a Machado es interpretado por voces críticas no solo como una distinción a la confrontación interna, sino como un intento de injerencia y afianzamiento externo para una actora política específica en Venezuela. La idea que subyace es que el Premio Nobel de la Paz, en estos casos, se transforma en una herramienta de política exterior que busca legitimar y potenciar figuras capaces de derrotar al gobierno de Nicolás Maduro, instrumentalizando el ideal de la paz en función de objetivos geopolíticos.

La pregunta que resuena es si el Premio Nobel de la Paz ha mutado para convertirse, en ocasiones, en un «Premio Nobel de la Violencia» o, al menos, un vehículo de validación para la oposición política en países con conflictos internos, poniendo la mira en la retórica de la lucha en lugar de en la diplomacia y la reconciliación. El Comité del Nobel defiende sus decisiones como un reconocimiento a la valentía y a la lucha por los derechos humanos; no obstante, el debate sobre sus verdaderos criterios y el impacto de sus elecciones en la polarización política sigue más vivo que nunca.

 

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