jueves, 2 de octubre de 2025

La No Violencia Activa: Urgencia y desafío en un MUNDO en CONFLICTO

 



Por Ollantay Itzamná


En el Día Internacional de la No Violencia, establecido por la ONU el 2 de octubre en conmemoración del nacimiento de Mahatma Gandhi, la cultura de la no violencia activa se alza como una necesidad ética y una estrategia política de máxima relevancia. Lejos de ser pasividad, la no violencia activa, o resistencia no violenta, implica la negación concertada y disciplinada del uso de la violencia física para lograr el cambio social y político, empleando métodos de protesta y de denuncia, no-cooperación e intervención no violenta.

Importancia actual y desafíos estructurales
La importancia de la no violencia activa radica en su capacidad para ofrecer un camino alternativo a los ciclos de venganza y escalada militar. En un contexto global marcado por las guerras y la sombra del genocidio —como el que se desarrolla en Palestina—, el principio de Gandhi de que la no violencia es «la mayor fuerza a disposición de la humanidad» resuena con una urgencia crítica. Es una herramienta que, históricamente, ha demostrado su eficacia para desmantelar regímenes opresores y lograr independencias, al deslegitimar al adversario y ganar apoyo popular e internacional.
No obstante, los desafíos son inmensos. En situaciones de violencia estatal o conflicto armado a gran escala, la respuesta del poder es a menudo la represión brutal, que pone en riesgo la vida de los activistas. Además, la cultura de la no violencia se enfrenta a:

Asimetría de poder: La confrontación entre movimientos desarmados y Estados o grupos armados con capacidad destructiva casi ilimitada.

Normalización de la violencia: La constante exposición mediática a la guerra y la violencia cotidiana que puede minar la fe en métodos pacíficos.

Necesidad de disciplina y estrategia: El éxito de la resistencia no violenta requiere una planificación rigurosa, entrenamiento y una disciplina férrea para evitar la respuesta violenta que podría socavar la legitimidad del movimiento.

Resistencias creativas: Semillas de esperanza regional y global
Frente a las violencias internacionales y cotidianas, la vitalidad de la no violencia se manifiesta en las resistencias creativas regionales y globales. Estas van más allá de las marchas tradicionales, utilizando el arte, la cultura, la desobediencia civil innovadora y la organización comunitaria para:

Visibilizar la injusticia: Mediante performances, instalaciones artísticas, campañas de boicot o el uso estratégico de medios digitales, se rompe el silencio y la invisibilidad impuesta por los poderes dominantes.

Construir alternativas: A nivel local, las resistencias creativas fomentan estructuras comunitarias basadas en la solidaridad, la equidad y la gestión pacífica de conflictos, actuando como laboratorios de la cultura de paz.

Fomentar la solidaridad transnacional: Los movimientos globales, como las campañas de boicot o las acciones de solidaridad con Palestina, demuestran que la presión económica y moral de la ciudadanía mundial puede desafiar las narrativas y las políticas de los Estados más poderosos. Estos movimientos, al exigir el respeto del derecho internacional humanitario y oponerse al genocidio, son una expresión directa de la no violencia activa en el plano global.

La tarea socioacadémica de hoy es doble: no solo debemos analizar la urgencia de la no violencia, sino también estudiar y potenciar la efectividad de estas resistencias creativas, reconociéndolas como el motor ético y político indispensable para construir un futuro de paz, tolerancia y justicia.


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