Por Carlos Arango
En su libro la
noche de Tlatelolco Elena Poniatoska dice:
“Son muchos.
Vienen a pie, vienen riendo. Bajaron por Melchor Ocampo, la Reforma, Juárez,
Cinco de Mayo, muchachos y muchachas estudiantes que van del brazo en la
manifestación con la misma alegría con que hace apenas unos días iban a la
feria; jóvenes despreocupados que no saben que mañana, dentro de dos días,
dentro de cuatro, estarán allí hinchándose bajo la lluvia, después de una feria
en donde el tiro al blanco lo serán ellos”.
Botas militares,
guantes blancos en los soldados de élite del batallón Olimpia,
bayonetas caladas y miradas de soldados como odio por el adoctrinamiento
promovido por la secretaría de la defensa nacional, arrestan a jóvenes y
allanando los hogares de los habitantes de la unidad habitacional Santiago
Tlatelolco, franco tiradores en la azotea de la unidad habitacional, las
puertas de la iglesia cerradas y el monitoreo desde la Secretaría de Relaciones
exteriores.
Franco tiradores
y soldados disparaban a fuego cruzado y una multitud de jóvenes, trabajadores y
amas de casa eran abatidos por balas asesinas. Era una emboscada para los jóvenes
que habían convocado a un mitin para definir el futuro del movimiento
estudiantil que se inició el 26 de julio coincidiendo con el aniversario de la
Revolución Cubana
La masacre del 2
de octubre sin paralelo a la persecución política los movimientos por justicia
social, maestros médicos, ferrocarrileros y campesinos fueron superados
por esta masacre preámbulo a las olimpiadas que se celebrarían en el
olímpico universitario el 12 de octubre
Los muertos y
heridos se apilaban en la plaza, la cruz verde los condujo al hospital Rubén
leñero donde muchos, murieron mientras los asesinos pagados por la secretaría
de gobernación terminaron su faena matando a decenas de heridos en el mismo
hospital
Todo es posible
en la paz, lema oficial del diazordacismo se cayó ante los ojos le mundo cuando
la prensa mundial siguió puntualmente el movimiento y el mundo supo de
la noche de noche de Tlatelolco documentada en tanto en México la
prensa vendida se quedó muda
Muertos, presos políticos,
desaparecidos y familias quebradas es el saldo de lo que implica la muerte de
la dictadura perfecta a la que se refería Vargas Llosa.


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