Por JOEL ORTEGA JUÁREZ
Es evidente que la Cuarta transformación
está realizando un cambio de régimen.
La cuestión es que tipo de régimen está en
boga.
En muchos cenáculos intelectuales de México,
es una suerte de código llenar páginas con lugares comunes, frecuentemente
redactados con un lenguaje confuso, para tener cierto touché teórico.
Líder, jefe, profeta, el gran jefe de la
Cuarta transformación ejerció una seducción sobre las masas muy parecida a la
del Duce Mussolini, a quien admira por llamarse Benito, bautizado así por su
padre un viejo militante socialista. Mussolini citado por Antonio Scurati en su
polémica biografía novelada, El Hombre de la Providencia escribió “hoy estamos
soberbiamente solos, contra todos y ajenos a todo. Solos con lo que hemos hecho
en 2 años de gobierno; solos con nuestra responsabilidad, con nuestro destino y
con nuestro coraje. […]. El contraste es histórico e insalvable. La lucha debe
proseguir de forma sistemática hasta la victoria definitiva.” Benito Mussolini, manifiesto conmemorativo de
la fundación de los Fascios, 23 de marzo de 1925. Hace precisamente cien años, pero son
palabras muy semejantes a la soberbia de una presidenta amurallada en palacio nacional.
Estamos viviendo un cambio de régimen: la
abolición del modelo basado en los tres poderes: legislativo, judicial y
ejecutivo para que restaure el antiguo presidencialismo imperial.
Ese cambio obedece al fracaso de una
transición democrática pusilánime incapaz de poner fin a la voracidad de una
partidocracia corrompida hasta el tuétano, que encontró en el discurso de
Andrés Manuel López Obrador la esperanza de mandar al diablo las instituciones.
La gente apostó por el apotegma obradorista:
por el bien de todos primero los pobres.
En seis
años de gobierno de AMLO no se realizó ninguna reforma de carácter popular o
social, ni siquiera la clásica keynesiana de hacer una reforma fiscal
distributiva para reducir la inmensa desigualdad, donde el uno por ciento de la población concentra
el 70 % o más de la riqueza.
La mafia en el poder siguió en la cúspide,
el gran capital no cambió ni siquiera de personajes, el gran capital sigue en
manos de los Slim, los Larrea, los Salinas Pliego, los Bailleres, los
Azcárraga, todos ellos, 'pa que no hubiera dudas, integrantes del Consejo Asesor
del presidente Andrés Manuel López Obrador.
El neoliberalismo no tuvo la menor
modificación, pero en la fantasía del viejo régimen autoritario restaurado, se
considera que desapareció, como lo proclamó AMLO y lo repite la presidenta
Claudia Sheinbaum.
Los intelectuales de la Cuarta
Transformación consideran que se produjo una revolución pacífica que cambió las
conciencias, pero al mismo tiempo se
admite que la violencia criminal está arraigada en la sociedad.
Ante una realidad infernal, como el
hallazgo de un campamento de reclutamiento masivo de personas para una banda
criminal como el Cártel Jalisco Nueva Generación, en Teuchitlán Jalisco, donde
además se encontraron evidencias de que funcionaba también como campo de
exterminio de aquellos reclutas que se resistían a realizar acciones de
sicarios, la presidenta y sus seguidores se auto victimizan al considerarse
enfrentados a una conspiración de las madres carroñeras, los comentócratas , los enemigos del cambio que añoran al
neoliberalismo.
El negacionismo, el pensamiento mágico, la
ideología de la fantasía han construido toda una manera de pensar basada en la
existencia de otros datos en manos de AMLO y ahora de la presidenta.
No es posible que se hable de revolución
política pacífica al mismo tiempo que se mantiene el viejo sistema de control
de los trabajadores a través del viejo y nuevo charrismo.
Un cambio de régimen que puso en manos de
los militares la Guardia Nacional, la seguridad pública, las aduanas, el manejo
de las grandes empresas faraónicas, claramente contrarias al medio ambiente y
de otros negocios abiertos y muchos otros secretos, sin ningún control de la
sociedad, no es una transformación
orientada a favorecer los intereses
populares , en el mejor de los casos ha
servido para crear una amloburguesía enriquecida
de manera escandalosa.
Las múltiples luchas de las mujeres, las
feministas, los ambientalistas, las comunidades de los pueblos indios, los maestros
de la CNTE, los del EZLN, las madres buscadoras de los desaparecidos, los
normalistas de Ayotzinapa y casi todas las Normales rurales y de todo tipo en
el país, los diversos movimientos estudiantiles contra el porrismo o incluso
contra las ejecuciones de militares en su contra, todos estos enfrentamientos
sumaron más de 6 400 durante el gobierno de AMLO. Ello muestra una realidad
contradictoria: hay resistencia, pero no existe dirección.
No estamos ante un cambio de régimen
derivado del fracaso del neoliberalismo, sino ante la existencia de una larga
hegemonía del estatismo-nacionalista que nutre la forma de vida de la inmensa
mayoría de los mexicanos. Una hegemonía de clase, diría el marxismo de manual,
prevaleciente a lo largo de cien años como resultado de la derrota de las
corrientes populares de la Revolución Mexicana vencidas por Carranza, el grupo
Sonora de Obregón y Calles, el cardenismo de los años cuarenta, convertido en victoria sobre las
izquierdas independientes con la creación del PRD, con su momento estelar en
2018 con el triunfo de AMLO,
ratificado con la victoria de Claudia
Sheinbaum.
No hay que buscarle tres pies al gato, el
cambio de régimen promovido por la Cuarta Transformación es una gran
restauración del modelo priista de control.
Para quiénes veneran el cambio de régimen
de la 4T, queda como anillo al dedo el discurso en el Senado de Italia de
ALFREDO ROCCO MINISTRO DE GRACIA Y JUSTICIA EL 14 DE DICIEMBRE DE 1925.
“EL 28 DE OCTUBRE DE 1922 HA SUCEDIDO EN
ITALIA ALGO MUY GRAVE Y MUY DECISIVO PARA LA HISTORIA DE ITALIA …UN CAMBIO DE
RÉGIMEN, ES DECIR, NO SÓLO UN MÉTODO DE GOBIERNO …DE CONCEPCIÓN DEL ESTADO…EL
ENTENDIMIENTO QUE HA IMPULSADO EL GOBIERNO
A PROPONER TODA ESTA SERIE DE REFORMAS LEGISLATIVAS ES, PRINCIPALMENTE,
EL DE ESTABLECER UNA NUEVA LEGALIDAD PARA REGRESAR A LA LEGALIDAD.”
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