viernes, 1 de agosto de 2025

Un «Bukelato» perpetuo: El desafío a la democracia en El Salvador

 

Foto: Marvin Recinos


La reforma constitucional recientemente aprobada por la Asamblea Legislativa de El Salvador, que permite la reelección presidencial indefinida, marca un punto de inflexión alarmante y consolida la deriva autoritaria del régimen de Nayib Bukele.

Esta enmienda, que pisotea la esencia de la alternancia en el poder, es la formalización de un «Bukelato» perpetuo, un sistema donde la voluntad de una sola persona se impone sobre el diseño democrático de la República.

Esta reforma no es un hecho aislado, sino la culminación de un proceso de erosión institucional. El control absoluto del Órgano Legislativo, y la cooptación de otras instituciones del Estado, han allanado el camino para una concentración de poder sin precedentes.

La reelección indefinida no solo ignora la prohibición histórica de esta figura en la Constitución salvadoreña, sino que además cierra la puerta a cualquier posibilidad de contrapeso o rendición de cuentas. En este nuevo panorama, defensores de derechos humanos y opositores políticos se enfrentan a un futuro incierto, donde el disenso es criminalizado y la persecución se convierte en una amenaza constante.

El riesgo de un contagio regional

El avance de este modelo dictatorial en El Salvador no es solo una tragedia para el pueblo salvadoreño, sino una grave amenaza para toda la región.

La consolidación de un «Bukelato» tecnofeudal, que utiliza las redes sociales para el control y la vigilancia, podría convertirse en un modelo a seguir para otros líderes con aspiraciones autoritarias. Y, la indiferencia de la comunidad internacional ante esta situación podría tener consecuencias nefastas. Es urgente que organismos como la CELAC y la OEA se pronuncien en contra de este atropello democrático y rechacen la constitucionalización de la dictadura.

La historia nos enseña que el silencio frente a la opresión tiene un alto costo. La masacre de 1932, perpetrada por la dictadura de Maximiliano Hernández Martínez, es un recordatorio doloroso de lo que sucede cuando se permite que el poder absoluto anule los derechos y la vida de la población. No podemos permitir que la historia se repita.

Llamado a la resistencia y la condena

 

Los pueblos y sectores populares de la región, organizados o no, tenemos la obligación moral de condenar y repudiar esta reforma. La lucha por la democracia en El Salvador es, en esencia, la defensa de la democracia en toda América Latina. No podemos quedarnos de brazos cruzados mientras se consolida un régimen que anula las libertades y criminaliza la disidencia.

Es crucial que la sociedad salvadoreña, con el apoyo de la comunidad internacional, se levante y resista esta imposición. El camino será difícil, pero la defensa de los derechos, la justicia y la libertad es una lucha que no se puede abandonar. La historia juzgará a quienes se atrevieron a callar y a quienes, a pesar de las adversidades, alzaron su voz contra la tiranía. La lucha por la democracia en El Salvador continúa, y en este momento crítico, es más importante que nunca.

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