sábado, 29 de noviembre de 2025

Día Internacional de las Defensoras de Derechos Humanos: La resistencia invisibilizada

 



                  

Por Ollantay Itzamná

Hoy, 29 de noviembre, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) conmemora el Día Internacional de las Defensoras de Derechos Humanos, una fecha establecida para reconocer la valentía y el trabajo esencial que miles de mujeres realizan en todo el mundo, a menudo en las circunstancias más adversas.

Doble peligro y resistencia cotidiana


Las mujeres que se levantan para defender derechos —ya sean indígenas, campesinas, obreras o activistas comunitarias— enfrentan un nivel de riesgo significativamente mayor que sus compañeros varones. Su noble misión de proteger los derechos desde sus comunidades y territorios se desarrolla en contextos marcados por el machismo y el racismo.
Este entorno hostil les impone un doble castigo:

Hostigamiento por su activismo: Son perseguidas, amenazadas o criminalizadas por las mismas fuerzas que intentan vulnerar los derechos que defienden (intereses empresariales, estatales o fácticos).

Violencia de género: Sufren ataques específicos por el hecho de ser mujeres, incluyendo amenazas de violencia sexual, difamación para dañar su honra y el cuestionamiento a su papel en la esfera pública, intentando devolverlas a roles de género tradicionales.


La invisibilización de su lucha


A pesar de su papel fundamental, la labor de las defensoras de derechos humanos es muy pocas veces visibilizada o reconocida. Históricamente, en sociedades patriarcales y racistas, se les ha negado su cualidad de sujetas de derechos. Como resultado, se les niega aún más la cualidad de ser reconocidas como defensoras de derechos.
Su trabajo se invisibiliza bajo la sombra de estructuras que privilegian las voces masculinas o los perfiles públicos tradicionales. Esta negación institucional y social obstaculiza el apoyo que merecen y las deja aún más expuestas a los ataques.

El desafío de la organización y la emancipación


El principal desafío para las defensoras de derechos reside en fortalecer sus redes y asegurar su sostenibilidad a largo plazo. En lugar de replicar estructuras jerárquicas, la clave está en la creación y consolidación de comunidades de defensoras de derechos.
Estas comunidades horizontales permiten protección colectiva, soporte emocional, intercambio de saberes entre otros.

Otro desafío crucial es emanciparse del patriarcado y del machismo que no solo estructuran a los pueblos y estados, sino que «nos configuran a tod@s» y que se ha incrustado incluso dentro de los propios movimientos sociales y comunitarios. El reconocimiento pleno de su trabajo pasa por desmantelar estas estructuras internas y externas, asegurando que la defensa de los derechos humanos sea una misión verdaderamente equitativa e inclusiva.

La pandemia no nos silenció aún. Sigamos cultivando las ideas desde nuestros huertos


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