lunes, 18 de agosto de 2025

NUESTRA RELIGIÓN: El Libro de Enoc: un manifiesto contra los poderosos de ayer y de hoy

 


Por Larry G. Álvarez

En la historia oficial de las religiones, el Libro de Enoc fue condenado al silencio. No convenía. No entró en la Biblia judía, tampoco en la cristiana. Fue tachado de “apócrifo”, enterrado bajo capas de censura y olvido. ¿Por qué? Porque este texto no bendice al poder, lo desnuda.

La herejía de acusar a los de arriba

El Libro de los Vigilantes nos dice que la corrupción no nació del “pecado original” de Adán y Eva, sino de los ángeles que descendieron a la Tierra, los vigilantes. Ellos enseñaron a los hombres las artes de la guerra, la manipulación y la dominación. Ellos introdujeron la violencia y la injusticia.

Es decir: la raíz del mal está en las élites, no en el pueblo.
Hoy podríamos decir lo mismo: la devastación del planeta no viene de los trabajadores ni de los pobres, sino de las corporaciones, los banqueros y los gobiernos que juegan a ser dioses y condenan a la humanidad.

El Mesías rebelde que no se arrodilla

El Libro de Enoc habla de un Hijo del Hombre que juzgará a los poderosos, a los reyes, a los tiranos. No es un Mesías domesticado que bendice tronos ni altares. Es un juez que destruye imperios, que arremete contra quienes se enriquecen a costa de los débiles.

Ese Mesías es la pesadilla de los opresores, ayer y hoy. Un liberador que no pide permiso a las instituciones, que no se arrodilla ante los templos ni ante las multinacionales del siglo XXI.

Censura y resistencia

Las iglesias oficiales callaron a Enoc porque no podían permitir que se supiera: la injusticia es estructural, viene desde arriba. Prefirieron un relato donde el pueblo obedece, donde el pecado se convierte en culpa del individuo y no en responsabilidad del sistema.

Pero el libro sobrevivió en Etiopía, como una semilla de resistencia. Y hoy regresa con fuerza porque sigue diciendo una verdad incómoda: la salvación no vendrá de quienes gobiernan, sino de quienes luchan contra ellos.

Enoc en el presente

El mensaje de Enoc atraviesa los siglos y se planta en nuestro tiempo:

  • Los vigilantes de hoy no son ángeles caídos, son políticos corruptos, empresarios sin escrúpulos y potencias que fabrican guerras.
  • Los nefilim modernos son las desigualdades monstruosas que crecen de sus alianzas: pobreza, migraciones forzadas, destrucción ambiental.
  • El juicio final no es un evento religioso lejano, es el clamor de los pueblos que ya juzgan al capitalismo, al imperialismo y a todas sus máscaras.

Conclusión: un libro para la lucha

El Libro de Enoc no es un simple apócrifo, es un manifiesto contra el poder. Fue silenciado porque denunciaba lo mismo que denunciamos hoy: que los de arriba arruinan al mundo y los de abajo cargan con las consecuencias.

Por eso, leer a Enoc en el siglo XXI es un acto político. Es recordar que hasta en los textos sagrados hubo voces que se rebelaron, que llamaron a resistir, que soñaron con la caída de los imperios.

Enoc no murió. Enoc sigue siendo la palabra que acusa a los poderosos y anima a los pueblos a levantarse.

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