Por Larry G. Álvarez
En la historia
oficial de las religiones, el Libro de Enoc fue condenado al silencio.
No convenía. No entró en la Biblia judía, tampoco en la cristiana. Fue tachado
de “apócrifo”, enterrado bajo capas de censura y olvido. ¿Por qué? Porque este
texto no bendice al poder, lo desnuda.
La herejía de
acusar a los de arriba
El Libro de
los Vigilantes nos dice que la corrupción no nació del “pecado original” de
Adán y Eva, sino de los ángeles que descendieron a la Tierra, los vigilantes.
Ellos enseñaron a los hombres las artes de la guerra, la manipulación y la
dominación. Ellos introdujeron la violencia y la injusticia.
Es decir: la
raíz del mal está en las élites, no en el pueblo.
Hoy podríamos decir lo mismo: la devastación del planeta no viene de los
trabajadores ni de los pobres, sino de las corporaciones, los banqueros y los
gobiernos que juegan a ser dioses y condenan a la humanidad.
El Mesías
rebelde que no se arrodilla
El Libro de
Enoc habla de un Hijo del Hombre que juzgará a los poderosos, a los
reyes, a los tiranos. No es un Mesías domesticado que bendice tronos ni
altares. Es un juez que destruye imperios, que arremete contra quienes se
enriquecen a costa de los débiles.
Ese Mesías es la
pesadilla de los opresores, ayer y hoy. Un liberador que no pide permiso a las
instituciones, que no se arrodilla ante los templos ni ante las multinacionales
del siglo XXI.
Censura y
resistencia
Las iglesias
oficiales callaron a Enoc porque no podían permitir que se supiera: la
injusticia es estructural, viene desde arriba. Prefirieron un relato donde
el pueblo obedece, donde el pecado se convierte en culpa del individuo y no en
responsabilidad del sistema.
Pero el libro
sobrevivió en Etiopía, como una semilla de resistencia. Y hoy regresa con
fuerza porque sigue diciendo una verdad incómoda: la salvación no vendrá de
quienes gobiernan, sino de quienes luchan contra ellos.
Enoc en el
presente
El mensaje de
Enoc atraviesa los siglos y se planta en nuestro tiempo:
- Los vigilantes de hoy no son ángeles caídos, son políticos
corruptos, empresarios sin escrúpulos y potencias que fabrican guerras.
- Los nefilim modernos son las desigualdades monstruosas
que crecen de sus alianzas: pobreza, migraciones forzadas, destrucción
ambiental.
- El juicio final no es un evento religioso lejano, es
el clamor de los pueblos que ya juzgan al capitalismo, al imperialismo y a
todas sus máscaras.
Conclusión: un
libro para la lucha
El Libro de
Enoc no es un simple apócrifo, es un manifiesto contra el poder. Fue
silenciado porque denunciaba lo mismo que denunciamos hoy: que los de arriba
arruinan al mundo y los de abajo cargan con las consecuencias.
Por eso, leer a
Enoc en el siglo XXI es un acto político. Es recordar que hasta en los textos
sagrados hubo voces que se rebelaron, que llamaron a resistir, que soñaron con
la caída de los imperios.
Enoc no murió. Enoc
sigue siendo la palabra que acusa a los poderosos y anima a los pueblos a
levantarse.
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