Por Ollantay
Itzamná
Rodolfo Kusch (1922-1979) no fue un filósofo de academia
en el sentido tradicional, sino un pensador itinerante que se sumergió en las
entrañas de América para desentrañar un pensamiento propio, arraigado en la
tierra y en el «sentipensamiento» de sus pueblos originarios. Su biografía está
marcada por un profundo encantamiento y compromiso con la cosmovisión indígena,
que lo llevó a abandonar las aulas universitarias para emprender un camino de
exploración etnográfica y filosófica por el Noroeste argentino y los Andes.
Kusch fue un «monje subversivo», un intelectual que optó
por las luchas de su tiempo. Se comprometió con los movimientos indígenas y
populares, y su obra se convirtió en una herramienta de análisis y
reivindicación de sus saberes y sus modos de estar en el mundo. Su filosofía,
que él mismo denominó «geocultura», se opone al pensamiento occidental, que
considera abstracto y desterritorializado. En su lugar, Kusch propone una
filosofía de la «substancia», una que surge de la experiencia vital y del
«estar» en un lugar, enraizada en la tierra y en las prácticas cotidianas.
Su legado literario, del cual se destacan obras como América Profunda (1962) y
Pensamiento Popular y Filosofía Indígena (1970), constituye un pilar
fundamental para el pensamiento decolonial en Abya Yala. En América Profunda,
Kusch explora la dualidad entre el «ser» y el «estar», identificando al primero
con el pensamiento occidental, que busca la identidad en la razón y la
trascendencia, y al segundo con el pensamiento indígena, que encuentra la
identidad en la pertenencia a la tierra y a la comunidad. En Pensamiento
Popular y Filosofía Indígena, Kusch profundiza en la noción del
«sentipensamiento», una forma de conocimiento que integra la razón y la
emoción, la mente y el cuerpo, y que es inherente a las culturas indígenas.
El impacto de su obra en las generaciones posteriores de
pensadores de Abya Yala es innegable. Kusch influyó en la teología de la
liberación, en la antropología crítica y en las corrientes de la filosofía
latinoamericana que buscan una ruptura epistémica con el eurocentrismo. Su
trabajo sentó las bases para el estudio de la «pluriversidad» de saberes, la
noción de que existen múltiples formas de conocimiento válidas, que no pueden
ser reducidas a la razón occidental.
Su legado nos convoca a volcar la mirada con gratitud hacia su obra. En un
mundo globalizado y desterritorializado, el pensamiento de Kusch nos invita a
recuperar el «estar», a volver a conectar con la Madre Tierra, con los saberes
ancestrales y con las luchas de los pueblos originarios desde los territorios.
Nos recuerda que la verdadera sabiduría no se encuentra en los libros de texto,
sino en la experiencia de vivir, sentir y pensar desde Abya Yala. El «monje
subversivo de los Andes» nos dejó un legado decolonial que sigue siendo un faro
de luz para la construcción de una Abya Yala Soberana, DESCOLONIAL, COMUNAL y
PLURINACIONAL, con horizontes de buenos vivires.
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