lunes, 4 de mayo de 2026

POLÍTICA EN MOVIMIENTO: Lo de Rocha, tema político; lo de Maru, delito de traición a la patria





Por
Angélica Beltrán

Bien puede titularse así esta columna: Lo de Rocha es tema político; lo de Maru, delito de traición a la patria. Porque en términos estrictos, sólo hay pruebas en un caso.

En el caso de la gobernadora de Chihuahua, María Eugenia Campos, de filiación panista, se documentó la presencia de agentes de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en territorio nacional, vinculados a un operativo de seguridad estatal, al margen de la ley.

Ahí no hay interpretación política que valga: la participación de agentes extranjeros en tareas de seguridad —facilitada desde un gobierno local— coloca el tema en el terreno de la legalidad constitucional y la soberanía nacional. De hecho, la Fiscalía General de la República abrió investigaciones por posibles delitos contra la seguridad nacional tras revelarse el caso.

En tanto, la solicitud de Estados Unidos de extradición de nueve funcionarios por presuntos vínculos con el narcotráfico, entre los que se encuentra el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya; carece, hasta ahora, de pruebas públicas contundentes. Y se inserta en el contexto de la tensión entre ambos países por el caso la CIA en México.

Por tal motivo surge la duda de si se trata de un caso judicial o tema político operado desde Washington, cuya respuesta no formal al caso Chihuahua-CIA ha sido desplazar el foco del escándalo de intervención extranjera a uno penal contra actores políticos mexicanos.

 Dicen que en política nada es casual, y en este episodio, la máxima parece cumplirse.

El gobierno de Donald Trump mueve piezas en el tablero regional con una lógica que combina presión judicial, narrativa mediática y reposicionamiento diplomático.

El llamado “caso Rocha” funciona, en ese sentido, como una jugada de enroque: permite cambiar el centro de la discusión pública. De un tema incómodo —la posible injerencia de la CIA en territorio mexicano sin autorización— a otro que reposiciona a Estados Unidos como actor “anticrimen”.

En tanto, el caso Chihuahua se encapsula, pero no se resuelve. En el fondo sigue intacto el hecho de la violación de protocolos de cooperación internacional y la vulneración de la soberanía nacional; con la consabida protesta diplomática del gobierno federal.

La perspectiva de esta opinión no implica, de ninguna manera, exonerar a ningún funcionario mexicano señalado por vínculos con el crimen organizado. El narcotráfico es un problema real y compartido. Pero precisamente por eso, la cooperación internacional tiene reglas, cauces legales y límites claros. O al menos así se entendía… hasta que el caso Chihuahua vino a romper esa narrativa.

   Lo que sí resulta evidente es que la reciente injerencia de Estados Unidos en México: Chihuahua-CIA y la ofensiva judicial, y no están orientados a combatir el narcotráfico, ese es el pretexto para justificar invasiones en naciones soberanas; y en México las intentonas por descarrilar al gobierno legal y legítimamente constituido están a la orden del día, desde el país vecino y con ayuda de partidos de oposición como el PAN.

Así, la solicitud de extradición de nueve funcionarios mexicanos, incluido un gobernador en funciones, se perfila como una jugada de enroque ajedrecista que le permite a Washington recomponer su narrativa tras el escándalo de la CIA y proyectar nuevamente la imagen de un actor que combate el crimen, no que vulnera soberanías.

Y en ese contraste, la frase inicial cobra sentido: lo de Rocha es político; lo de Maru, si se confirma en los términos revelados, es de orden penal y constitucional.

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