miércoles, 1 de abril de 2026

La Suprema Corte de EE.UU. examina el derecho a la ciudadanía por nacimiento en una audiencia histórica



 

Por Nuestra America Magazine News Desk

En una sesión cargada de tensión jurídica y simbolismo político, la Suprema Corte de Estados Unidos escuchó argumentos clave sobre uno de los principios más fundamentales del sistema constitucional: el derecho a la ciudadanía por nacimiento. La audiencia no solo atrajo la atención nacional, sino que también contó con la presencia del propio presidente Donald Trump, un hecho poco común que subraya la magnitud del debate.

El corazón del debate: la Decimocuarta Enmienda

En el centro de la discusión se encuentra la interpretación de la Decimocuarta Enmienda de la Constitución, que establece que toda persona nacida en territorio estadounidense es ciudadana del país. Este principio, conocido como birthright citizenship, ha sido durante más de un siglo una piedra angular del sistema legal estadounidense.

Sin embargo, sectores políticos han cuestionado su alcance, particularmente en relación con hijos de inmigrantes indocumentados. El caso que llegó ante la Corte busca precisamente redefinir —o reafirmar— el significado de esa cláusula constitucional.

Argumentos enfrentados

Los defensores del derecho a la ciudadanía por nacimiento argumentan que la redacción de la Enmienda es clara e inequívoca, y que cualquier intento de limitarla sería una violación directa del texto constitucional y de precedentes históricos.

Por otro lado, quienes promueven restricciones sostienen que la frase “sujeto a la jurisdicción de Estados Unidos” permite interpretaciones más limitadas, excluyendo a ciertos grupos, especialmente a hijos de personas sin estatus legal permanente.

Durante la audiencia, los magistrados plantearon preguntas incisivas a ambas partes, explorando no solo el texto legal, sino también las implicaciones prácticas y sociales de un posible cambio en la doctrina.

La presencia de Trump y su impacto político

La asistencia de Donald Trump a la audiencia añade una dimensión política significativa. Su administración ha sido una de las más críticas del derecho automático a la ciudadanía por nacimiento, y ha impulsado diversas iniciativas para restringirlo.

Su presencia en la Corte, aunque simbólica, refuerza la percepción de que este caso trasciende lo jurídico y se inserta en una batalla ideológica más amplia sobre inmigración, identidad nacional y el futuro demográfico del país.

Implicaciones profundas

El fallo que eventualmente emita la Suprema Corte podría tener consecuencias de gran alcance. Una reinterpretación restrictiva de la ciudadanía por nacimiento afectaría a millones de personas y transformaría el sistema migratorio estadounidense de manera estructural.

Además, abriría la puerta a nuevas disputas legales y a una redefinición del concepto mismo de ciudadanía en Estados Unidos.

Un momento decisivo

Más allá del resultado, esta audiencia marca un momento decisivo en la historia constitucional del país. La pregunta que enfrenta la Corte no es solo legal, sino profundamente moral y política: ¿quién tiene derecho a ser considerado estadounidense?

En un país construido por generaciones de inmigrantes, la respuesta podría redefinir no solo las leyes, sino también la identidad nacional.

La decisión final de la Suprema Corte no solo resolverá un caso, sino que enviará un mensaje al mundo sobre los valores que Estados Unidos decide defender en el siglo XXI.

Bruce Springsteen sacude el debate político en el arranque de su gira



Por Nuestra America Magazine News Desk

El icónico músico estadounidense Bruce Springsteen volvió a demostrar que su voz no se limita al escenario musical, sino que también se proyecta con fuerza en el terreno político. Durante el arranque de su nueva gira en Minneapolis, el llamado “Boss” lanzó una de las críticas más duras que se recuerden contra el rumbo actual de Estados Unidos, en particular contra la administración del expresidente Donald Trump.

Ante miles de asistentes, Springsteen no se contuvo: calificó a Estados Unidos como “una nación deshonesta, imprudente y depredadora”, y afirmó que el país atraviesa una profunda crisis moral y política. Sus palabras resonaron con intensidad en un contexto marcado por tensiones internacionales, conflictos armados y un creciente debate interno sobre el papel de Washington en el mundo.

El cantante fue más allá al señalar que “la América que amo, que ha sido un faro de libertad en todo el mundo, está en manos de una administración corrupta, incompetente, racista y traidora”. Estas declaraciones, pronunciadas desde el escenario, transformaron el concierto en un acto político cargado de simbolismo, donde la música sirvió como vehículo de denuncia.



Críticas a la política exterior y la guerra en Irán

Uno de los puntos más contundentes del discurso de Springsteen fue su condena a la reciente escalada militar en Irán. El artista calificó la intervención estadounidense como una guerra “inconstitucional e ilegal”, alineándose con sectores que cuestionan la falta de autorización del Congreso en operaciones militares en el extranjero.

Esta crítica conecta con un debate histórico en Estados Unidos sobre los límites del poder presidencial en tiempos de guerra. Diversos analistas y legisladores han advertido que el uso de la fuerza sin el aval legislativo erosiona los principios democráticos y el equilibrio de poderes.

Springsteen, conocido por su sensibilidad hacia las luchas sociales y la clase trabajadora, enmarcó esta postura dentro de una visión más amplia: la pérdida de valores fundamentales que, según él, definieron durante décadas la identidad estadounidense.

Un artista con tradición de activismo

No es la primera vez que Bruce Springsteen se posiciona abiertamente en temas políticos. A lo largo de su carrera, ha respaldado causas progresistas, criticado políticas migratorias restrictivas y defendido los derechos civiles.

Su música, especialmente álbumes como Born in the U.S.A., ha sido interpretada tanto como una celebración patriótica como una crítica a las contradicciones del país. En ese sentido, su intervención en Minneapolis no representa un giro, sino la continuidad de una trayectoria en la que arte y política se entrelazan.

Reacciones y polarización

Las declaraciones del artista han generado reacciones inmediatas y polarizadas. Mientras algunos sectores aplauden su valentía por utilizar su plataforma para denunciar lo que consideran abusos de poder, otros lo critican por mezclar entretenimiento con política y por atacar directamente a la administración Trump.

En redes sociales y medios de comunicación, el debate se ha intensificado, reflejando la profunda división que atraviesa la sociedad estadounidense. Para unos, Springsteen encarna la conciencia crítica del país; para otros, es un ejemplo de la élite cultural desconectada de la realidad de millones de ciudadanos.

Cultura, poder y responsabilidad

El episodio en Minneapolis pone de relieve el papel de los artistas en momentos de crisis política. ¿Deben las figuras públicas limitarse a su campo profesional o tienen la responsabilidad de alzar la voz ante lo que perciben como injusticias?

Springsteen parece tener clara su respuesta. En su visión, el silencio no es una opción cuando están en juego los valores democráticos y los derechos fundamentales.

Su discurso, más allá de la polémica inmediata, abre una reflexión más profunda sobre el estado actual de Estados Unidos: un país que, según sus propias palabras, se debate entre su ideal histórico de libertad y las tensiones de un presente marcado por la confrontación interna y los desafíos globales.

En Minneapolis, la música fue el telón de fondo. Pero el mensaje fue político, directo y, para muchos, imposible de ignorar.

 

martes, 31 de marzo de 2026

A 99 Años del Nacimiento de César Chávez: ¿Verdad, Acusaciones o Intento de Borrarlo de la Historia?


Por Armando García Álvarez

A partir del mes de marzo de 2026, será cada vez más difícil escribir sobre la vida y el legado del líder mexico-estadounidense César Chávez, nacido un 31 de marzo de 1927. Este año cumpliría 99 años. Y digo esto por las recientes noticias que alegan que Chávez habría abusado de menores de edad e incluso de una de sus aliadas más cercanas en la lucha sindical campesina: Dolores Huerta.

En cuestión de horas, tras la publicación de estos señalamientos por parte de The New York Times a mediados de marzo, y las declaraciones atribuidas a Huerta, la memoria de su legado pareció desvanecerse del espacio público. Calles, murales y referencias simbólicas comenzaron a desaparecer. Este fenómeno resulta profundamente preocupante, ya que la comunidad inmigrante mexicana y mexico-estadounidense pierde así una de sus figuras más emblemáticas en la lucha contra la discriminación, el aislamiento y la persecución racial. El riesgo no es solo el olvido inmediato, sino la eventual desaparición de su historia de los libros, del discurso público y de la conciencia colectiva.

A continuación, presento una reflexión sobre el legado de Chávez, basada también en mi experiencia personal al haber trabajado con él entre 1981 y 1992.

Todos los pueblos han tenido figuras que encarnan la lucha por la justicia social, líderes que se levantan en nombre de los más necesitados: los marginados, los trabajadores invisibles, aquellos que con su esfuerzo sostienen las economías, pero rara vez reciben reconocimiento. Algunos de estos líderes logran avanzar su causa; otros son silenciados en el camino. Pero todos dejan huella.

El dramaturgo alemán Bertolt Brecht lo expresó con claridad: “Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles”.

César Chávez fue uno de esos imprescindibles. Nacido en 1927, falleció en 1993 a los 66 años, dejando una herencia profunda para los trabajadores agrícolas en Estados Unidos, tanto para su generación como para las futuras.

Décadas después de su muerte, su voz aún resuena en muchos rincones del país, aunque en otros ha sido objeto de intentos de borrado histórico. Aun así, miles continúan honrando su nombre mediante marchas, movilizaciones y luchas por una reforma migratoria integral.

Chávez se convirtió en el referente del campesinado en Estados Unidos. Logró lo que muchos intentaron sin éxito durante años: construir un sindicato fuerte, una organización capaz de articular un movimiento que transformó las condiciones laborales de miles de trabajadores.

Quienes tuvimos la oportunidad de trabajar a su lado fuimos testigos de su compromiso con la lucha no violenta por la justicia social. En un contexto donde muchos promovían la confrontación armada como única vía de cambio, Chávez apostó por la resistencia pacífica y la presión económica.

Su estrategia más poderosa fue el boicot. A través de este instrumento, logró que grandes corporaciones agrícolas cedieran ante la presión pública. Fue un arma económica eficaz que afectó directamente los intereses de los sectores más poderosos.

Gracias a este movimiento, la sociedad estadounidense comenzó a tomar conciencia de una realidad ignorada: que los alimentos que llegan a la mesa son cosechados por manos que muchas veces no tienen lo suficiente para alimentarse. Miles de campesinos llevaron su mensaje a las ciudades, pidiendo a los consumidores no comprar productos manchados por la explotación.

Chávez sostenía que el sufrimiento del campesino no tiene precio, pero logró que ese sufrimiento comenzara a ser reconocido mediante mejores condiciones laborales.

El movimiento que impulsó sembró las bases de los avances que hoy vemos en la comunidad hispana en Estados Unidos. Sin su ejemplo, difícilmente se habría alcanzado el nivel de conciencia social y organización que hoy existe entre inmigrantes y ciudadanos de origen latino.

En 1984, Chávez afirmaba que muchas personas en posiciones de influencia estaban, de una u otra forma, conectadas con la lucha campesina, ya fuera participando en boicots o en manifestaciones.

Hoy, aunque ya no está físicamente presente, su consigna de “¡Sí se puede!” sigue viva. Ha trascendido generaciones y fronteras, siendo adoptada incluso en campañas políticas como la del expresidente Barack Obama. Lugares emblemáticos como La Paz, en California, donde reposan sus restos, fueron reconocidos a nivel nacional, y su figura continúa presente en espacios simbólicos del poder estadounidense, como lo demostró el expresidente Joe Biden al colocar un busto suyo en la Oficina Oval.

Su legado no debe olvidarse. Debe estudiarse, debatirse y comprenderse en toda su complejidad. Las nuevas generaciones de trabajadores —muchos de ellos inmigrantes provenientes de América Latina— continúan enfrentando condiciones difíciles. Algunos heredarán las conquistas logradas; otros seguirán siendo víctimas de explotación y discriminación.

Sin embargo, las herramientas para resistir y avanzar ya existen. No es necesario reinventar la lucha, sino retomarla con claridad, organización y determinación.

Las batallas por la reforma migratoria y por condiciones laborales dignas pueden ganarse sin recurrir a la violencia. Ese fue el camino que Chávez trazó.

Seguir su ejemplo no implica ignorar los cuestionamientos actuales, sino entender que la historia es compleja y que el juicio del tiempo debe ser acompañado por reflexión, evidencia y responsabilidad.

Porque al final, los pueblos no solo necesitan memoria, sino también conciencia.


Armando García Álvarez
Fundador de Nuestra América Online Radio. Ha trabajado como corresponsal de la agencia española EFE y de Hispanic Press News Agency en Washington, DC. Fue columnista de Conexión Hispana en Texas, colaborador de Latino Leaders, reportero en La Prensa y Rumbo en San Antonio, Texas y editor en múltiples medios en California y Carolina del Norte. También se desempeñó como director de Relaciones Públicas del sindicato United Farm Workers Union en California.

At 99 Years Since the Birth of César Chávez: Truth, Allegations, or an Attempt to Erase Him from History?



By Armando García Álvarez

As of March 2026, it will become increasingly difficult to write about the life and legacy of Mexican American leader César Chávez, who was born on March 31, 1927. This year, he would have turned 99 years old. I say this because of recent reports alleging that Chávez abused minors and even one of his closest allies in the farmworkers’ labor struggle: Dolores Huerta.

Within hours of these allegations being published by The New York Times in mid-March, along with statements attributed to Huerta, Chávez’s legacy appeared to begin vanishing from public life. Streets, murals, and symbolic references started disappearing. This phenomenon is deeply troubling, as the Mexican immigrant and Mexican American communities risk losing one of their most prominent figures in the fight against discrimination, isolation, and racial persecution. The danger lies not only in immediate erasure, but in the eventual disappearance of his history from books, public discourse, and the collective consciousness.

What follows is a reflection on Chávez’s legacy, also grounded in my personal experience working alongside him between 1981 and 1992.

All people have had figures who embody the struggle for social justice—leaders who rise in defense of the most vulnerable: the marginalized, the invisible workers, those whose labor sustains societies, yet who rarely receive recognition. Some of these leaders achieve progress; others are silenced along the way. But all leave a mark.

German playwright Bertolt Brecht expressed it clearly: “There are men who fight one day and are good. Others fight for a year and are better. Some fight for many years and are incredibly good. But those who fight all their lives: those are indispensable.”

César Chávez was one of those indispensable figures. Born in 1927, he died in 1993 at the age of sixty-six, leaving behind a profound legacy for agricultural workers in the United States—both for his generation and those to come.

Decades after his death, his voice still echoes across many parts of the country, although in others there have been attempts to erase him from history. Even so, thousands continue to honor his name through marches, mobilizations, and the ongoing struggle for comprehensive immigration reform.

Chávez became the defining figure of farm labor in the United States. He achieved what many had failed to accomplish for years: building a strong union, an organization capable of shaping a movement that transformed labor conditions for thousands of workers.

Those of us who had the opportunity to work closely with him witnessed his unwavering commitment to nonviolent struggle for social justice. In a time when many advocated armed confrontations as the only path to change, Chávez chose peaceful resistance and economic pressure.

His most powerful strategy was the boycott. Through this tool, he forced large agricultural corporations to yield under public pressure. It was an effective economic weapon that directly impacted the interests of the powerful.

Through this movement, American society began to recognize a painful truth: that the food placed on the table each day is harvested by people who often do not have enough to feed themselves. Thousands of farm workers brought this message to major cities, urging consumers not to buy products stained by exploitation.

Chávez maintained that the suffering of farmworkers has no price, yet he succeeded in forcing growers to acknowledge that suffering by improving working conditions.

The movement he built planted the seeds of the progress we see today among Hispanic communities across the United States. Without his teachings and example, it would have been impossible for immigrant and Latino populations to develop the social awareness and organization needed to navigate a hostile and discriminatory society.

In 1984, Chávez stated that many individuals in positions of influence were, in one way or another, connected to the farmworker struggle—whether by participating in boycotts or joining protests.

Today, although he is no longer physically present, his slogan “Sí se puede!” lives on. It has transcended generations and borders, even being adopted in political campaigns such as that of former President Barack Obama. Symbolic sites such as La Paz in California, where Chávez is buried, have been nationally recognized, and his presence endures even within the highest levels of U.S. power, as demonstrated when former President Joe Biden placed a bust of Chávez in the Oval Office.

His legacy must not be forgotten. It must be studied, debated, and understood in all its complexity. New generations of workers—many of them immigrants from Latin America—continue to face harsh conditions. Some will inherit Chávez’s victories; others will continue to endure exploitation and discrimination.

Yet the tools to resist and move forward already exist. There is no need to reinvent the struggle—only to reclaim it with clarity, organization, and determination.

The battles for immigration reform and labor justice can be won without violence. That was the path Chávez charted.

Following his example does not mean ignoring current allegations but rather understanding that history is complex—and that judgment must be guided by reflection, evidence, and responsibility.

Because in the end, what people need is not only memory—but conscience.


Armando García Álvarez
Founder of Nuestra América Online Radio. He has worked as a correspondent for the Spanish Agency EFE and the Hispanic Press News Agency in Washington, DC. He has been a columnist for Conexión Hispana in Texas, a contributor to Latino Leaders, a reporter for La Prensa and Rumbo newspapers in San Antonio, Texas and as an editor for multiple media outlets in California and North Carolina. He also served as Director of Public Relations for the United Farm Workers Union in California.

 

lunes, 30 de marzo de 2026

Muerte bajo custodia de ICE desata nueva indignación por condiciones en el centro de detención de Adelanto



Por Nuestra América Magazine News Desk

Un inmigrante mexicano ha muerto bajo custodia migratoria en Estados Unidos, lo que intensifica el escrutinio sobre las condiciones de detención y la rendición de cuentas dentro del sistema de control migratorio del país.

Según un comunicado de U.S. Immigration and Customs Enforcement (ICE), José Guadalupe Ramos fue encontrado inconsciente y sin respuesta en su litera en el Adelanto ICE Processing Center el 25 de marzo. El personal de seguridad inició protocolos de emergencia, incluyendo reanimación cardiopulmonar (RCP), antes de llamar a los servicios médicos. Ramos fue trasladado al Victor Valley Global Medical Center, donde posteriormente fue declarado muerto.

Su fallecimiento marca al menos la decimocuarta muerte bajo custodia de ICE en lo que va del año, una cifra que ha generado alarma entre organizaciones defensoras de inmigrantes, expertos legales y observadores de salud pública. Aunque ICE sostiene que las personas detenidas reciben atención médica, dental y de salud mental, los críticos argumentan que estas muertes recurrentes evidencian deficiencias sistémicas, incluyendo retrasos en la atención, falta de personal y supervisión inadecuada.

El Adelanto ICE Processing Center—uno de los centros de detención migratoria más grandes de Estados Unidos—ha sido durante años objeto de controversia. Informes de organizaciones de vigilancia y testimonios de exdetenidos han señalado problemas que van desde condiciones insalubres hasta acceso limitado a servicios médicos. Inspecciones federales en años anteriores también han identificado fallas en la supervisión de los detenidos y en los procedimientos de respuesta a emergencias.

ICE indicó que la Oficina de Responsabilidad Profesional de la agencia llevará a cabo una revisión del incidente, como parte de su protocolo estándar. Además, la Oficina del Inspector General del Departamento de Seguridad Nacional podría abrir una investigación independiente, especialmente ante el aumento de muertes bajo custodia en lo que va del año.

Defensores de los derechos de los inmigrantes señalan que estas investigaciones con frecuencia no logran generar una verdadera rendición de cuentas. Apuntan a un patrón en el que las muertes se atribuyen a “causas naturales” o condiciones preexistentes, sin abordar plenamente si una intervención más temprana podría haber evitado la tragedia. Para las familias de los fallecidos, la falta de transparencia y de comunicación oportuna sigue siendo una queja recurrente.

La muerte de José Guadalupe Ramos también pone de relieve interrogantes más amplios sobre el uso de la detención como herramienta central de la política migratoria estadounidense. Con decenas de miles de personas detenidas diariamente en una red de centros—muchos operados por contratistas privados—los críticos sostienen que el sistema prioriza la aplicación de la ley por encima de la dignidad humana y el debido proceso.

A medida que aumentan los llamados a reformas, incluyendo alternativas a la detención y una supervisión federal más estricta, la muerte de Ramos se suma a una cifra creciente que continúa moldeando el debate nacional sobre la política migratoria. Queda por verse si este caso impulsará cambios sustanciales o si se convertirá en otra estadística dentro de una controversia persistente.

 

Death in ICE Custody Sparks Renewed Outcry Over Conditions at Adelanto Detention Center



Por Nuestra America Magazine News Desk

A Mexican immigrant has died while in U.S. immigration custody, intensifying scrutiny over detention conditions and accountability within the nation’s enforcement system.

According to a statement released by U.S. Immigration and Customs Enforcement (ICE), José Guadalupe Ramos was found unconscious and unresponsive in his bunk at the Adelanto ICE Processing Center on March 25. Security staff reportedly initiated emergency protocols, including cardiopulmonary resuscitation (CPR), before calling paramedics. Ramos was transported to Victor Valley Global Medical Center, where he was later pronounced dead.

His death marks at least the 14th fatality in ICE custody since the beginning of the year, a figure that has raised alarm among immigrant advocacy organizations, legal experts, and public health observers. While ICE maintains that detainees receive medical, dental, and mental health care, critics argue that repeated deaths point to systemic deficiencies, including delayed treatment, inadequate staffing, and poor oversight.

The Adelanto ICE Processing Center—one of the largest immigration detention facilities in the United States—has long been the subject of controversy. Reports from watchdog groups and former detainees have cited concerns ranging from unsanitary conditions to insufficient access to medical care. Federal inspections in previous years have also identified lapses in detainee monitoring and emergency response procedures.

ICE stated that the agency’s Office of Professional Responsibility will conduct a review of the incident, as is standard protocol. Additionally, the Department of Homeland Security’s Office of Inspector General may open an independent investigation, particularly given the rising number of deaths in custody this year.

Advocates say such investigations often fail to produce meaningful accountability. They point to a pattern in which deaths are attributed to “natural causes” or pre-existing conditions, without fully addressing whether earlier intervention could have prevented tragedy. For families of the deceased, the lack of transparency and timely communication remains a recurring grievance.

The death of José Guadalupe Ramos also highlights broader questions about the use of detention as a central tool of U.S. immigration policy. With tens of thousands of individuals held daily across a network of facilities—many operated by private contractors—critics argue that the system prioritizes enforcement over human dignity and due process.

As calls grow for reform, including alternatives to detention and stricter federal oversight, Ramos’s death adds to a mounting toll that continues to shape the national debate on immigration enforcement. Whether it leads to substantive policy changes or becomes another statistic in a long-running controversy remains to be seen.

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sábado, 28 de marzo de 2026

Nuestra América Magazine - ABRIL, 2026

 


Nuestra América Magazine es una revista mensual fundada el 5 de mayo de 1993 en el estado de California-EE.UU. Editor y Fundador Lic. Armando Garcia Alvarez.

Nuestra América Magazine publica en español e inglés artículos sobre los acontecimientos noticiosos que ocurren en Hispanoamérica. Cada artículo no está sujeto a ninguna censura gubernamental o al control comercial de intereses privados. El contenido de cada historia es responsabilidad exclusiva de su autor.
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nuestraamericamagazine@gmail.com.

 

Nuestra América Magazine is a monthly magazine founded on May 5, 1993 in the state of California, USA. Editor and Founder: Armando García Álvarez.


Nuestra América Magazine publishes articles in Spanish and English about the news events that occur in Latin America. Each article is not subject to any government censorship or commercial control by private interests. The content of each story is the sole responsibility of its author.
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jueves, 26 de marzo de 2026

NUESTRA POESIA: La Herida y el Vacío. Por el Dr. Didier Gómez Trujillo

 


Extracto del poema publicado en Nuestra América Magazine


La Herida y el Vacío
 
Al Poeta Jaime Sabines en su centenario
 
Por el Dr. Didier Gómez Trujillo

 

Centenario de lodo y de ceniza

tengo el nombre pegado a la

lengua, con el sabor de la tierra que se nos

mete en las uñas. Y el verbo que atraviesa

la carne como un cuchillo de sombra.

La taza está vacía. La sed no tiene orilla.

 

Traes en el itacate: los amorosos que van y vienen,

sedientos, sin pausas ni planes, que

arrastraron su lumbre hasta la almohada!

Sentado en silencio, la primavera llega

y la hierba crece sola.

 

Espero curarme de ti, dijiste, y la herida

respondió picante. Amar fue medicina y cuchillo,

una ceremonia donde

el cuerpo aprende sus nombres. Te vi

recostado sobre el dolor, con

lindes de sal y amapola.

Paradoja del hombre, volver al precipicio:

besar la cicatriz, nombrar el fantasma,

hacer de la pérdida un oficio de las manos.

 

Al soplar la vela, la llama se aferra.

No hay voz, no hay ruego. Una mano aplaude al vacío.

Me doy cuenta de que faltas. Tienes la

baldosa fría. Te faltan las manos,

los libros, el olor a hogar, y hasta las

pequeñas mentiras que sostienen el día.

El cuenco está roto. La sed permanece.

La falta deja hojas secas en los zapatos.

Se instala en los bolsillos, en la

arena donde escribes y borras.

 

Cuando crees que la falta es silencio,

te despierta el clamor de la costumbre.

La Diosa se refleja en el agua que se fue.

La muerte entró a la casa con paso de

soldado. No vino a robar, sino a reconocer

sus deudas: se llevó el reloj y dejó

en la mesa la mitad de un poema.

Una ráfaga de viento. Las hojas vuelven a la raíz.

 

Padre monte y catedral de silencio,

lo anunció la campana, lo aprobó la mirada.

La niebla se disipa. La luz es la misma.

Y tú, poeta, recoges papeles como quien

remienda un país: anotas el nombre,

encuentras en la pérdida una familia.

 

De la muerte aprendiste a barrer la sombra:

hombres que lloran con las manos y dejan

florecer la memoria como un jardín de ceniza.

Centenario caminas en tus

versos. Los amorosos regresan con

herrumbre de cariño. Tú sabes que amar

es oficio y ferretería: martillo para

el pecho, clavo para el tiempo.

 

La flor se abre al barro: cien años de savia.

Masticas el nombre del pueblo en cada muela.

Por ti aprendimos a decir te quiero,

a contar las pérdidas como quien cuenta

semillas en el desierto.

Que vengan los amorosos, los fatigados,

el que todavía espera curarse de ti.

Que vengan los que notaron la falta

y la hicieron su casa y su pan.

El invitado llega cuando la casa está vacía.

 

Noche y día son un solo parpadeo.

Celebremos con vino y con silencio largo,

con los papeles que arden como brasas,

con la llave que rinde las puertas del cuerpo.

Tus poemas son la casa de los que aman sin tregua.

En cada verso hay un pueblo indomable,

sangre que se enciende en los dientes.

La campana calla, el sonido no cesa.

¿Quién es el que ama? ¿Quién es el que recuerda?

NUESTRA POESIA: El Equinoccio se Acerca. De Roxana Zubieta Ramos

 

Extracto del Poema publicado en la Revista Nuestra América 



EL EQUINOCCIO SE ACERCA

 

El equinoccio se acerca,

el sol, llega a su cenit,

el día y la noche

se aparean,

los alushes,

preparan los rituales,

y... como la caricia de un niño,

el aroma de las rosas,

cálido y florido,

se derrama... suavemente

en el valle de Cuahnahuac

y en el misterioso Tamoanchan mitico

donde vive Xochiquetzal

y donde nacen las flores.

 

Es una feria de luz y de colores,

el "Jardín de México",

como un soñado paraíso,

brinda sus tenues aromas y perfumes.

Es la naturaleza viva,

que late y que vibra

y los millares de verdes

que vislumbran la esperanza.

 

Es un estallido deslumbrante,

de helechos, palmeras,

enredaderas y hojas elegantes,

Inmensa variedad de plantas,

que extienden sus suculentos brazos verdes,

tibios y húmedos,

llevando un mensaje de Paz y bienaventuranza.

 

Es... el arco iris de bugambilias,

de delicadas tonalidades,

que envuelven el ambiente

de magia y embeleso,

son los Tabachines de fuego,

las Jacarandas de amatistas,

Las Copas de oro,

Guayacanes y Almendros,

la lluvia de Flamboyanes

y de Plumbagos,

que... como en un mágico

sueño,

despiertan inquietudes

y deseos.

 

La Primavera...

dormida por un tiempo,

abre sus sabios

y amorosos petalos

y perfuman el sendero,

las orquídeas,

las aves de paraíso,

las margaritas,

las petunias, las begonias

y los pensamientos,

tímidamente despiertan,

para expandir

su fragante aroma.

 

La Acocoxochitl,

la exuberante Dalia,

la Reyna de las flores,

viste sus mejores galas.

Las gardenias, las gladiolas,

las azaleas,

los nardos, las azucenas,

con su blancura,

emulan la pureza,

y los girasoles,

las hortensias,

los belenes y amapolas,

geranios y lirios,

se aprestan para la fiesta.

 

Los niños, alegres, juegan

tranquilos y sin miedo,

los músicos afinan sus guitarras,

los cantantes ensayan

sus canciones,

las aves... Calandra y

Cenzontles,

al unísono cantan,

y los poetas, inspirados,

escriben sus mejores versos.

 

Todo es color, perfume,

alegría... y la dulce sensación,

de alcanzar los sueños.

 

Y es, que...

el Equinoccio se acerca,

el sol llega a su cenit,

el día y la noche

se aparejan,

los alushes preparan sus rituales,

la primavera... llega a su casa,

a su nido...

a su predilecto sitio...

la primavera... llega a su valle,

a su eterno hogar,

a Tamoanchan...

al valle de CUAHUNAHUAC.

 

ROXANA ZUBIETA RAMOS

Derechos Reservados de autor

Marzo 2023

César Chávez, las acusaciones en su contra y la lucha por la memoria histórica

Foto de archivo personal. El autor con César Chávez




Por Armando García Álvarez

La reciente controversia en torno a César Chávez—provocada por un reportaje de investigación del  New York Times que detalla supuestas conductas sexuales inapropiadas de César,—ha encendido un debate nacional complejo y cargado de emociones. En esencia, el problema no solo es la credibilidad de las acusaciones, sino también cómo las sociedades afrontan los legados de figuras influyentes cuando surgen nuevas y preocupantes afirmaciones.

Uno de los aspectos más llamativos de este episodio ha sido la rapidez de la reacción pública. A las pocas horas de la publicación del informe, instituciones y comunidades comenzaron a retirar el nombre de Chávez de los espacios públicos: renombrar parques, repintar murales y reconsiderar las conmemoraciones. Esta rápida respuesta refleja un patrón cultural más amplio en los últimos años, donde las acusaciones por sí solas pueden provocar una reevaluación inmediata de los honores públicos, a menudo antes de que se realice un examen público completo de las pruebas.

En el centro de la controversia están las acusaciones de Dolores Huerta, colaboradora de larga data de Chávez y figura destacada por derecho propio. Sus afirmaciones tienen peso dada su proximidad a Chávez durante periodos críticos del movimiento laboral. Sin embargo, han surgido preguntas sobre el momento, el contexto y el marco probatorio más amplio que rodea las acusaciones. Los informes sobre una presentación legal en 2025 que involucra a Huerta han complicado aún más la percepción pública, no por refutar sus afirmaciones, sino por introducir factores adicionales que algunos argumentan que merecen un escrutinio cuidadoso.





Foto publicada en el libro "Fields of Courage"de Susan Samuels Drake

Un desafío clave en este caso es la ausencia del propio Chávez. Como figura histórica que murió en 1993, no puede responder, contextualizar ni cuestionar las acusaciones. Esta asimetría impone una mayor carga a las instituciones, periodistas y al público para abordar el tema con rigor y moderación. A diferencia de los casos contemporáneos, donde se pueden examinar múltiples perspectivas en tiempo real, las acusaciones históricas dependen en gran medida de la documentación, la corroboración y la credibilidad de las fuentes disponibles.

También existe una dimensión histórica más amplia. Chávez no solo era un individuo, sino un símbolo—un emblema del movimiento de la Unión de Campesinos y del activismo laboral mexicoamericano en general. Para muchos, su legado está entrelazado con avances sociales tangibles: mejoras laborales, mayor conciencia sobre los derechos de los trabajadores agrícolas y la movilización de comunidades marginadas. Por tanto, la reevaluación de tal cifra plantea preguntas difíciles sobre cómo sopesar la conducta personal frente al impacto público.

Al mismo tiempo, es importante reconocer que reevaluar figuras históricas no es inherentemente un acto de borrar a César de la historia. Más bien, puede formar parte de un proceso continuo de refinamiento histórico. Las sociedades reinterpretan continuamente su pasado a medida que surge nueva información. Sin embargo, la rapidez y la determinación de las reacciones recientes han llevado a algunos observadores a cuestionar si este proceso se está llevando a cabo con suficiente deliberación.

Los testimonios presenciales, incluidos los de personas que trabajaron estrechamente con Chávez durante momentos clave, añaden otra capa a la discusión. Estos testimonios, que no corroboran las acusaciones, ponen de manifiesto la complejidad de reconstruir la verdad histórica. La ausencia de pruebas no es necesariamente evidencia de ausencia, pero tampoco pueden tratarse las acusaciones como concluyentes sin fundamento. Esta tensión subraya la necesidad de una evaluación cuidadosa y basada en la evidencia.

Foto de 1990 tomada en Oxnard California.

En ese contexto, también es importante incluir perspectivas de primera mano de quienes formaron parte del movimiento, como es en mi caso.

Trabajé para la Unión de Campesinos desde 1981 hasta 1987. Entre mis responsabilidades estaban dirigir una emisora de radio de microondas, viajar con César Chávez solo nosotros dos, ser responsable de su seguridad, sus ruedas de prensa, coordinar sus comidas y alojamiento, sus conferencias de prensa y  eventos comunitarios durante el Boicot de la Uva de los años 80. Más tarde, fui cofundador de Radio Campesina y editor gerente de las publicaciones de la UFW.

Durante todos esos años, nunca presencié ningún comportamiento relacionado con las acusaciones hechas en el artículo del New York Times contra César Chávez. Durante mis viajes con él, pasaba noches con familias de trabajadores agrícolas, sus padres, su familia inmediata, en monasterios, casas de oración, líderes sindicales y simpatizantes de la causa campesina.  

Por supuesto, m testimonio no resuelve las acusaciones que surgen a 33 anos de la muerte de Cesar y décadas de los sucesos descritos en el New York Times, pero contribuye a un panorama probatorio más completo, uno que incluye tanto afirmaciones como experiencias vividas.

La controversia también se cruza con dinámicas políticas y culturales más amplias. Las comparaciones con otras figuras públicas —en ámbitos político, cultural y social— plantean dudas sobre la coherencia en la rendición de cuentas pública. Por qué algunas figuras son rápidamente condenadas mientras que otras mantienen el apoyo institucional es un tema de debate continuo, a menudo moldeado por el contexto político, el marco mediático y el sentimiento público.

En última instancia, el debate sobre el legado de César Chávez no se resuelve fácilmente. Se sitúa en la intersección de la historia, la ética y la identidad.

A medida que continúa esta discusión, el reto central será mantener un equilibrio entre la rendición de cuentas y la integridad histórica. El objetivo no debería ser preservar o desmantelar un legado sin crítica, sino comprenderlo en toda su complejidad—reconociendo tanto los logros que moldearon un movimiento como las preguntas que ahora rodean a su figura más destacada.

César Chávez, Allegations, and the Struggle Over Historical Memory

The author with Cesar Chavez. 



By Armando García Alvarez

The recent controversy surrounding Cesar Chavez—sparked by an investigative report from The New York Times detailing alleged sexual misconduct—has ignited a complex and emotionally charged national debate. At its core, the issue is not only about the credibility of allegations, but also about how societies confront the legacies of influential figures when new, troubling claims emerge.

One of the most striking aspects of this episode has been the speed of public reaction. Within hours of the report’s publication, institutions and communities began removing Chávez’s name from public spaces—renaming parks, repainting murals, and reconsidering commemorations. This rapid response reflects a broader cultural pattern in recent years, where allegations alone can trigger immediate reassessment of public honors, often before a full public examination of evidence takes place.

Central to the controversy are accusations from Dolores Huerta, a longtime collaborator of Chávez and a prominent figure in her own right. Her claims carry weight given her proximity to Chávez during critical periods of the labor movement. However, questions have emerged regarding timing, context, and the broader evidentiary framework surrounding the allegations. Reports of a 2025 legal filing involving Huerta have further complicated public perception, not by disproving her claims, but by introducing additional factors that some argue warrant careful scrutiny.

A key challenge in this case is the absence of Chávez himself. As a historical figure who died in 1993, he cannot respond, contextualize, or contest the allegations. This asymmetry places a greater burden on institutions, journalists, and the public to approach the issue with rigor and restraint. Unlike contemporary cases, where multiple perspectives can be examined in real time, historical allegations rely heavily on documentation, corroboration, and the credibility of available sources.



There is also a broader historical dimension. Chávez was not only an individual but a symbol—an emblem of the United Farm Workers movement and of Mexican American labor activism more broadly. For many, his legacy is intertwined with tangible social gains: improved labor conditions, heightened awareness of farmworker rights, and the mobilization of marginalized communities. The reassessment of such a figure therefore raises difficult questions about how to weigh personal conduct against public impact.

At the same time, it is important to recognize that reassessing historical figures is not inherently an act of erasure. Rather, it can be part of an ongoing process of historical refinement. Societies continuously reinterpret their past as new information emerges. However, the speed and decisiveness of recent reactions have led some observers to question whether this process is being conducted with sufficient deliberation.

Eyewitness accounts, including those from individuals who worked closely with Chávez during key periods, add another layer to the discussion. Such testimonies, which do not corroborate the allegations, highlight the complexity of reconstructing historical truth. Absence of evidence is not necessarily evidence of absence, but neither can allegations be treated as conclusive without substantiation. This tension underscores the need for careful, evidence-based evaluation.



In that context, it is also important to include firsthand perspectives from those who were part of the movement:

I worked for the United Farm Workers Union from 1981 to 1987. Among my responsibilities were running a Microwave Radio Station. I traveled with César Chávez, responsible for his security, his press conferences, coordinating his meals and lodging, and his media and community events during the Grape Boycott of the 1980s. Later, I was a cofounder of Radio Campesina and the Managing Editor of the UFW’s publications.

For all those years, I never witnessed any behavior related to the allegations made in the New York Times article against César Chávez. During my travels with him, he spent nights with farmworker families, his parents, his immediate family, in monasteries, houses of prayer, labor union facilities, or with community supporters.

Such testimony does not resolve the allegations, but it contributes to a fuller evidentiary landscape—one that includes both claims and lived experience.

The controversy also intersects with broader political and cultural dynamics. Comparisons to other public figures—across political, cultural, and social spheres—raise questions about consistency in public accountability. Why some figures are rapidly condemned while others retain institutional support is a matter of ongoing debate, often shaped by political context, media framing, and public sentiment.

Ultimately, the debate over César Chávez’s legacy is not easily resolved. It sits at the intersection of history, ethics, and identity. On one hand, there is a legitimate imperative to take allegations seriously and to create space for potential victims. On the other, there is a need to ensure that historical judgments are grounded in evidence and not driven solely by immediacy or momentum.

As this discussion continues, the central challenge will be maintaining a balance between accountability and historical integrity. The goal should not be to preserve or dismantle a legacy uncritically, but to understand it in its full complexity—acknowledging both the achievements that shaped a movement and the questions that now surround its most prominent figure.

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